Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo. Es el propiciatorio colocado sobre el arca de Dios. Es "el misterio escondido desde siglos" (San Buenaventura)

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17.10.16

Nuestra Señora de Rossano

Nuestra Señora de Rossano
Imagen que proviene de Rossano (Calabria)
y se halla ahora en la Parroquia de San Roque,
calle Plaza 1160, ciudad de Buenos Aires.  
Más información sobre su origen, leer AQUI


“La Virgen, desde el cielo nos mira…, ve nuestras faltas y miserias, pero si al mismo tiempo ve nuestro amor, todo lo barre y hace que nuestras débiles súplicas se presenten fervorosas a Dios.”

De:     ajesusxmaria.blogspot.com



 ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA ACHEROPITA

Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra Acheropita,
vuelve tus ojos piadosos hacia nosotros y nuestras familias.
A través de los siglos, de milagros y de las apariencias,
mostraste ser Mediadora permanente de gracias.
Ten compasión de las dificultades en que nos encontramos
y de la tristeza y amargura de nuestras vidas.
Tu, coronada Reina a la derecha de su Hijo,
llena de gloria inmortal, nos puedes auxiliar.
Todo lo que está en nosotros y lo que nos rodea,
reciba tu bendición materna.
¡Oh Reina Acheropita!,
permite dedicar toda nuestra vida a la honra de tu culto
y al servicio de nuestros hermanos.
Solicitamos tu bondad materna en auxilio a nuestras necesidades
y la gracia de vivir bajo su constante protección,
consolados en nuestras aflicciones
y libres de las presentes angustias.
Con confianza podemos repetir,
que no recurre a ti inútilmente
aquel que te invoca con el título “Acheropita”.

Amén

16.10.16

Canonización del Cura Brochero



El papa Francisco canonizó en una misa multitudinaria celebrada en la Plaza de San Pedro, a la que se calcula asistieron unas 80.000 personas, al sacerdote argentino José Gabriel del Rosario Brochero, el Cura Brochero, y a otros seis beatos de México, España e Italia.
El prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, cardenal Angelo Amato, hizo la petición para que el sacerdote argentino, el adolescente mexicano José Sánchez Del Río, el obispo español Manuel González García, el religioso francés Salomone Leclercq, los sacerdotes italianos Lodovico Pavoni y Alfonso María Fusco, y la monja francesa Elisabeth de la Santísima Trinidad, sean inscriptos en el libro de los santos.
Tras la lectura por parte del purpurado vaticano de una breve reseña biográfica de cada uno, se rezó la letanía de los santos y finalmente, Francisco leyó la fórmula de canonización, entre ellos del Cura Brochero.
A las 05.32 el pontífice argentino inscribió en el Catálogo de los Santos al Cura Brochero, el primero que nació, vivió y murió en la Argentina, y al resto de los beatos.
Luego fueron colocando reliquias de los nuevos santos delante de la imagen de la Virgen, entre ellas del “cura gaucho” a quien Jorge Bergoglio considera un “pastor con olor a oveja”.
De la ceremonia en la Plaza de San Pedro participaron el presidente Mauricio Macri, el gobernador de Córdoba, Juan Schiaritti y otros representantes políticos argentinos, además de casi 40 obispos, unos 200 sacerdotes y más de 2.000 peregrinos, en su mayoría cordobeses.

Los niños de los milagros
Al momento de la entrega de las ofrendas, se acercó al altar el adolescente cordobés Nicolás Flores Violino, quien cuando tenía ocho meses quedó en estado vegetativo y con problemas neurológicos severos tras sufrir un accidente vial y su recuperación sin explicación médica hizo que el Cura Brochero sea declarado beato.
También se acercó la niña sanjuanina Camila Brusotti, quien a los 8 años fue brutalmente golpeada por su madre y su padrastro, y cuya recuperación fue considerada el segundo milagro por intercesión del Cura Brochero para ser proclamado santo.
Antes de la celebración eucarística, el Papa saludó a Mauricio Macri y a los miembros de las delegaciones oficiales procedentes de los países cuyos laicos, sacerdotes y religiosos fueron proclamados santos.

Los santos son hombres y mujeres que lucharon apoyados en la oración
En la homilía, el Papa hizo referencia a las lecturas del día y destacó que los siete nuevos santos “han alcanzado la meta, han adquirido un corazón generoso y fiel, gracias a la oración: han orado con todas las fuerzas, han luchado y han vencido”.
“Este es el estilo de vida espiritual que nos pide la Iglesia: no para vencer la guerra, sino para vencer la paz”, explicó.
Francisco afirmó que el modo de obrar de los cristianos consiste en “estar firmes en la oración para permanecer firmes en la fe y en el testimonio” y, si bien reconoció que puede haber cansancio en esta tarea, recordó que “no estamos solos, hacemos parte de un Cuerpo. Somos miembros del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, cuyos brazos se levantan al cielo día y noche gracias a la presencia de Cristo resucitado y de su Espíritu Santo”.
“Sólo en la Iglesia y gracias a la oración de la Iglesia podemos permanecer firmes en la fe y en el testimonio”, sostuvo, y agregó: “Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche. Este es el misterio de la oración: gritar, no cansarse y, si te cansas, pide ayuda para mantener las manos levantadas”.
“Esta es la oración que Jesús nos ha revelado y nos ha dado a través del Espíritu Santo. Orar no es refugiarse en un mundo ideal, no es evadir a una falsa quietud. Por el contrario, orar y luchar, y dejar que también el Espíritu Santo ore en nosotros. Es el Espíritu Santo quien nos enseña a rezar, quien nos guía en la oración y nos hace orar como hijos”, señaló.
Francisco puntualizó que “los santos son hombres y mujeres que entran hasta el fondo del misterio de la oración. Hombres y mujeres que luchan con la oración, dejando al Espíritu Santo orar y luchar en ellos; luchan hasta el extremo, con todas sus fuerzas, y vencen, pero no solos: el Señor vence a través de ellos y con ellos”.
“También estos siete testigos que hoy han sido canonizados, han combatido con la oración la buena batalla de la fe y del amor. Por ello han permanecido firmes en la fe con el corazón generoso y fiel. Que, con su ejemplo y su intercesión, Dios nos conceda también a nosotros ser hombres y mujeres de oración; gritar día y noche a Dios, sin cansarnos; dejar que el Espíritu Santo ore en nosotros, y orar sosteniéndose unos a otros para permanecer con los brazos levantados, hasta que triunfe la Misericordia Divina”, concluyó.

Llamado a luchar por la pobreza
Antes de terminar la ceremonia, Francisco saludó a las delegaciones oficiales de la Argentina, México, Francia, España e Italia, y rogó para que "el ejemplo y la intercesión de estos testigos sostengan el compromiso de cada uno de nosotros en los distintos ámbitos de servicio y del trabajo para la Iglesia y la sociedad civil".
El pontífice recordó que mañana es la Jornada Mundial contra la pobreza, por lo que llamó a unir “fuerzas morales y económicas para luchar juntos contra la pobreza que degrada, ofende y mata a tantos hermanos y hermanas instrumentando políticas serias para las familias y para el trabajo" y pidió elevar a la Virgen María "todas nuestras intenciones, especialmente nuestra insistente y fortalecida oración por la paz".
Francisco saludó luego a los cardenales de los países de los siete nuevos santos, entre ellos al arzobispo de Buenos Aires, Mario Aurelio Poli, con quien se abrazó efusivamente.+
Texto extraído de:  aica.org

31.7.16

San Ignacio de Loyola

1491 - 1556


Reflexiones claves del Diario Espiritual de San Ignacio De Loyola

- Dios me ama más que yo a mí mismo.
- ¡Siguiéndoos, Jesús, no me puedo perder!
- Dios proveerá lo que le parezca mejor.
- ¡Señor, soy un niño! ¿A dónde me lleváis?
- ¡Jesús, por nada del mundo te dejaría!
- ¿Qué queréis, Señor, de mí?
- ¡Señor, sostenedme con vuestra gracia!
- ¡No merezco, Señor, cuanto recibo!
- ¡Dadme, Señor, vuestro amor y gracia, éstas me bastan!
- Jesús, sé mi guía, condúceme.


fuente: www.corazones.org

25.3.16

Viernes Santo

 
Viernes Santo de dolor. Viernes Santo de esperanza. Y de purificación. Con una aflicción interior muy profunda, la Iglesia medita sobre la muerte de Cristo. Pero no sólo se trata de un episodio de dolor, muerte y redención. Con su martirio nace el dolor, pero también surge una gran esperanza.
La Pasión del Señor es el epílogo de la vida de Jesucristo y es el principio de la del espirítu humano.
En el día de su muerte, resucita el hombre. Porque mientras Cristo muere abrazando la cruz y perdonando a los que lo crucificaron, el hombre resucita a la gracia, a la amistad con el Señor.
Pero el Señor no lo deja huérfano. Antes de dar el último grito de dolor, consagra a Su Madre, la Santísima Virgen María, como la Madre del mundo entero. Y queda también en la Eucaristía.
En mi interior, el Viernes Santo se recrea y una extraordinaria sensación me envuelve en el abrazo de Cristo que muere. Es inevitable alabar a Dios por su Infinita Misericordia que santifica amorosamente a toda la humanidad.
La santificación no está en la palabra. Es una donación que se adquiere y que se realiza en la práctica de la virtud. Ahora, la Economía divina se presenta en un sentido de redención y perdón. 

Extraído de las homilías del Pbro. José Mario Pantaleo.
 

2.1.16

 Nada ni nadie nos puede alejar de Dios

Con toda la adhesión del corazón nos consagramos en la ermita interior y en su misterio... El alma se dispone, jornada tras jornada, a fin de desasirse de todo y acoger al Verbo que es engendrado en su secreto y en su fondo.
A primera vista todo parece débil y flojo, casi hasta provisorio... Las tormentas no son escasas y surgen con nuevos bríos en los horizontes nublados...
Si dejamos obrar a Aquél que es nuestra Vida... Si no inventamos reparos o nos detenemos en respetos humanos, hemos de reposar, como Juan, en su Corazón...
Pero una vez, en medio de no sé cuáles confusiones, nos pareció que perdíamos la atención y la paz... Las agresiones de cercanos y lejanos, esas "agresiones emotivas" tan frecuentes en esta hora, tan del gusto del mundo: nos dieron la impresión de que habíamos sido arrancados de la ermita y del silencio del corazón, que Dios callaba y se escondía ante tanto ruido y desconcierto, que las torpezas y los aludes nos habían privado de la vida y del don de Dios.
Entonces, como San Antonio, como Santa Catalina, preguntamos: -¡Señor, dónde estabas, dónde estás! Y su respuesta fue siempre la misma: -Nunca he estado tan cerca.
Basta una invocación en el corazón para que nos demos acabada cuenta de que nada ni nadie puede apartarnos de esa ermita y morada secreta, porque es el Padre, que ve en lo secreto, Quien está y en Quien estamos, somos, nos movemos y existimos...
Nadie nos arrebató nada...
Entra, pues, en tu morada secreta, cierra la puerta y no te muevas de allí, que nadie puede apartarte de tu Bien.

Alberto E. Justo
http://flordelyermo.blogspot.com

1.1.16

1° de enero - Sta. María Madre de Dios




  
La Iglesia Católica quiere comenzar el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María. La fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente es la de "María Madre de Dios". Ya en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma y donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa, en tiempos de las persecuciones, hay pinturas con este nombre: "María, Madre de Dios".
 

Si nosotros hubiéramos podido formar a nuestra madre, ¿qué cualidades no le habríamos dado? Pues Cristo, que es Dios, sí formó a su propia madre. Y ya podemos imaginar que la dotó de las mejores cualidades que una criatura humana puede tener.

Pero, ¿es que Dios ha tenido principio? No. Dios nunca tuvo principio, y la Virgen no formó a Dios. Pero Ella es Madre de uno que es Dios, y por eso es Madre de Dios.

Y qué hermoso repetir lo que decía San Estanislao: "La Madre de Dios es también madre mía". Quien nos dio a su Madre santísima como madre nuestra, en la cruz al decir al discípulo que nos representaba a nosotros: "He ahí a tu madre", ¿será capaz de negarnos algún favor si se lo pedimos en nombre de la Madre Santísima?

Al saber que nuestra Madre Celestial es también Madre de Dios, sentimos brotar en nuestro corazón una gran confianza hacia Ella.

Cuando en el año 431 el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, se reunieron los 200 obispos del mundo en Éfeso (la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años) e iluminados por el Espíritu Santo declararon: "La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios". Y acompañados por todo el gentío de la ciudad que los rodeaba portando antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

El título "Madre de Dios" es el principal y el más importante de la Virgen María, y de él dependen todos los demás títulos y cualidades y privilegios que Ella tiene.

Los santos muy antiguos dicen que en Oriente y Occidente, el nombre más generalizado con el que los cristianos llamaban a la Virgen era el de "María, Madre de Dios".

texto extraído de:
http://www.corazones.org

24.5.15

Pentecostés



 VATICANO, 24 May. 15 / 07:32 am (ACI).- El Papa Francisco presidió esta mañana en la Basílica de San Pedro la Misa por la Solemnidad de Pentecostés, en la que señaló que el mundo necesita hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo que luchen contra el pecado y la corrupción para dedicarse a las obras de la justicia y la paz.

A continuación y gracias a la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la homilía completa del Santo Padre:

“«Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo… recibid el Espíritu Santo» (Jn 20, 21.22), así dice Jesús. La efusión que se dio en la tarde de la resurrección se repite en el día de Pentecostés, reforzada por extraordinarias manifestaciones exteriores. La tarde de Pascua Jesús se aparece a sus discípulos y sopla sobre ellos su Espíritu (cf. Jn 20, 22); en la mañana de Pentecostés la efusión se produce de manera fragorosa, como un viento que se abate impetuoso sobre la casa e irrumpe en las mentes y en los corazones de los Apóstoles.

En consecuencia reciben una energía tal que los empuja a anunciar en diversos idiomas el evento de la resurrección de Cristo: «Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas» (Hch 2, 4). Junto a ellos estaba María, la Madre de Jesús, la primera discípula, y allí Madre de la Iglesia naciente. Con su paz, con su sonrisa, con su maternidad, acompañaba el gozo de la joven Esposa, la Iglesia de Jesús.

La Palabra de Dios, hoy de modo especial, nos dice que el Espíritu actúa, en las personas y en las comunidades que están colmadas de él, las hace capaces de recibir a Dios “Capax Dei”, dicen los Santos Padres. Y ¿Qué es lo que hace el Espíritu Santo mediante esta nueva capacidad que nos da? Guía hasta la verdad plena (Jn 16, 13), renueva la tierra (Sal 103) y da sus frutos (Ga 5, 22-23). Guía, renueva y fructifica.

En el Evangelio, Jesús promete a sus discípulos que, cuando él haya regresado al Padre, vendrá el Espíritu Santo que los «guiará hasta la verdad plena» (Jn 16, 13). Lo llama precisamente

«Espíritu de la verdad» y les explica que su acción será la de introducirles cada vez más en la comprensión de aquello que él, el Mesías, ha dicho y hecho, de modo particular de su muerte y de su resurrección. A los Apóstoles, incapaces de soportar el escándalo de la pasión de su Maestro, el Espíritu les dará una nueva clave de lectura para introducirles en la verdad y en la belleza del evento de la salvación.

Estos hombres, antes asustados y paralizados, encerrados en el cenáculo para evitar las consecuencias del viernes santo, ya no se avergonzarán de ser discípulos de Cristo, ya no temblarán ante los tribunales humanos. Gracias al Espíritu Santo del cual están llenos, ellos comprenden «toda la verdad», esto es: que la muerte de Jesús no es su derrota, sino la expresión extrema del amor de Dios. Amor que en la Resurrección vence a la muerte y exalta a Jesús como el Viviente, el Señor, el Redentor del hombre, el Señor de la historia y del mundo. Y esta realidad, de la cual ellos son testigos, se convierte en Buena Noticia que se debe anunciar a todos.

El Espíritu Santo renueva – guía y renueva - renueva la tierra. El Salmo dice: «Envías tu espíritu… y repueblas la faz tierra» (Sal103, 30). El relato de los Hechos de los Apóstoles sobre el nacimiento de la Iglesia encuentra una correspondencia significativa en este salmo, que es una gran alabanza a Dios Creador. El Espíritu Santo que Cristo ha mandado de junto al Padre, y el Espíritu Creador que ha dado vida a cada cosa, son uno y el mismo.

Por eso, el respeto de la creación es una exigencia de nuestra fe: el “jardín” en el cual vivimos no se nos ha confiado para que abusemos de él, sino para que lo cultivemos y lo custodiemos con respeto (cf. Gn 2, 15). Pero esto es posible solamente si Adán – el hombre formado con tierra – se deja a su vez renovar por el Espíritu Santo, si se deja reformar por el Padre según el modelo de Cristo, nuevo Adán.

Entonces sí, renovados por el Espíritu, podemos vivir la libertad de los hijos en armonía con toda la creación y en cada criatura podemos reconocer un reflejo de la gloria del Creador, como afirma otro salmo: «¡Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra!» (Sal 8, 2.10). Guía, renueva y da, da fruto.

En la carta a los Gálatas, san Pablo vuelve a mostrar cual es el “fruto” que se manifiesta en la vida de aquellos que caminan según el Espíritu (Cf. 5, 22). Por un lado está la «carne», acompañada por sus vicios que el Apóstol nombra, y que son las obras del hombre egoísta, cerrado a la acción de la gracia de Dios. En cambio, en el hombre que con fe deja que el Espíritu de Dios irrumpa en él, florecen los dones divinos, resumidos en las nueve virtudes gozosas que Pablo llama «fruto del Espíritu». De aquí la llamada, repetida al inicio y en la conclusión, como un programa de vida: «Caminad según el Espíritu» (Ga 5, 16.25).

El mundo tiene necesidad de hombres y mujeres no cerrados, sino llenos de Espíritu Santo. El estar cerrados al Espíritu Santo no es solamente falta de libertad, sino también pecado. Existen muchos modos de cerrarse al Espíritu Santo. En el egoísmo del propio interés, en el legalismo rígido – como la actitud de los doctores de la ley que Jesús llama hipócritas -, en la falta de memoria de todo aquello que Jesús ha enseñado, en el vivir la vida cristiana no como servicio sino como interés personal, entre otras cosas. En cambio, el mundo tiene necesidad del valor, de la esperanza, de la fe y de la perseverancia de los discípulos de Cristo.

El mundo necesita los frutos, los dones del Espíritu Santo, como enumera san Pablo: «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí» (Ga 5, 22). El don del Espíritu Santo ha sido dado en abundancia a la Iglesia y a cada uno de nosotros, para que podamos vivir con fe genuina y caridad operante, para que podamos difundir la semilla de la reconciliación y de la paz.

Reforzados por el Espíritu Santo – que guía, nos guía a la verdad, que nos renueva a nosotros y a toda la tierra, y que nos da los frutos – reforzados en el Espíritu y por estos múltiples dones, llegamos a ser capaces de luchar, sin concesión alguna, contra el pecado, de luchar, sin concesión alguna, contra la corrupción que, día tras día, se extiende cada vez más en el mundo, y de dedicarnos con paciente perseverancia a las obras de la justicia y de la paz”.