Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo. Es el propiciatorio colocado sobre el arca de Dios. Es "el misterio escondido desde siglos" (San Buenaventura)

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1.5.12

San José Obrero



San José, carpintero. Leer AQUÍ

1.4.12

Domingo de Ramos

A continuación, una Homilía del Pbro. Mario Pantaleo.

Domingo de Ramos

"¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!, canta una multitud vibrante de alegría y entusiasmo. Las manos de grandes y chicos sostienen incontables ramas de olivo. Son las ramas del rey, del que llega en nombre del Señor.
Ya terminó la Cuaresma y comienza la semana más importante para todos los cristianos: la Semana Santa. Durante este período se derraman infinitas gracias desde el Cielo. Por eso, la gran mayoría trata de lograr un cambio radical, la conversión.
Y la conversión no es un estado. Tampoco es un punto de llegada, es un camino. Ninguno está solo para alcanzar este cambio, porque las propias fuerzas no alcanzan. El Señor está presente, invisible, animando a cada ser humano con Su fortaleza para dar el Paso. Para vivir la Pascua. Para participar de este triunfo de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el egoísmo y de la vida sobre la muerte. Para ser renovado interiormente, y que el resplandor inagotable de Su amor ilumine el corazón y la mente.
Durante la Cuaresma, los hombres acompañaron a Cristo en Su agonía por el desierto. La hicieron propia y se unieron al Padre. pero, a veces, me pregunto: ¿Qué hicieron? ¿Cómo vivieron la Cuaresma? ¿Fueron días comunes y corrientes, o algo se produjo en sus corazones al meditar en la donación total de Cristo para que todos los hombres tuvieran una felicidad eterna, una bendición eterna? ¿Experimentaron el amor del Padre y el dolor de Cristo? ¿Llegaron a alabarlo?
Algunos de los que entonaban los cantos de alabanza al ver llegar, montado sobre un asno, al hijo de David, son los mismos que, a los pocos días, iban a pedir que lo crucificaran.
Lamentablemente, es la misma actitud de los que transitan este dificultoso y tormentoso siglo XX. Por un lado brindan un "sí" lleno de generosidad, y por otro, un "no" terco y egoísta.
El individualismo exagerado que profesa la sociedad actual ha llevado a que cada persona invente su propia religión o la ajuste a su medida, a conveniencia. Lo hacen como si la religión fuera también un producto de consumo que se publicita en la televisión y que se compra en cualquier almacén de barrio. Entonces, los indecisos mortales se preocupan más por comprar la última crema antiarrugas que por ganarse la salvación eterna.
Todos quieren cosas, quieren muchas cosas. Pero no la "cosa" que se sufre. El Señor no quiere masoquistas, sino personas que sepan entender el dolor. Entender que si no pasan por la cruz no pueden alcanzar la luz. No hay que buscar el sufrimiento, pero si viene, hay que mirarlo a la cara con la frente levantada.
Me gusta pensar en la sabiduría de la rosa. Antes de que el Principito partiera a recorrer el universo, quiso ponerla al abrigo de todos los peligros, pero ella le dijo con absoluta serenidad: "Es preciso que soporte dos o tres orugas si quiero conocer las mariposas". Sí, era sabia la rosa.
Todavía hay tiempo para reflexionar, para humillarse delante del Señor y arrepentirse de todos los pecados. para pronunciar desde lo profundo del alma una sóla súplica:"Jesús, aunque no te haya acompañado en el desierto, creo en ti, te amo, y te acompaño en el momento de Tu glorificación. Te acompañaré también en el momento de Tu sufrimiento, de Tu cruz y de Tu muerte".
Todavía hay tiempo para llegar a Cristo, y Él espera a cada uno desde siempre. Él salva al hombre, siempre y cuando el hombre quiera salvarse.
El misterio de Dios abraza a la humanidad y Su amor la recubre como un cálido manto. Si se compromete a caminar por el camino de la rectitud que Jesús le señala, no se perderá. Se salvará para siempre.
Pero toda eternidad comienza por una pasión. Con nuestra pasión y el amor a nuestro Señor jesucristo. Para que podamos resurgir con Cristo, tenemos que padecer con él, y como dice San Pablo: "morir con Él".
Entonces, pidamos fuerza para abrazar la cruz.

(Homilía extraída del libro "Palabras para mi pueblo"- Edit. Sudamericana - 1996) 




25.3.12

Anunciación del Señor



La Anunciación del Señor  - El Anuncio del Ángel a María


En el primer capítulo del Evangelio de San Lucas leemos:
Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel
a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen desposada con un hombre llamado José,
de la casa de David; el nombre de la virgen era María. »


La palabra "ángel" significa: Un mensajero, un mensajero de Dios.
Gabriel: El que trae buenas noticias, de parte de Dios.
Una virgen es en la Santa Biblia una mujer que no ha cometido impurezas. En el mundo hay muchas mujeres vírgenes, pero una es más pura y más santa que las demás y la llamamos "Santísima Virgen". Es la madre de Jesús.
Comprometida en matrimonio (Desposada): Unos meses antes de casarse, los novios firmaban un compromiso de matrimonio, para que el esposo pudiera dedicarse tranquilamente a preparar todo lo necesario para su próximo hogar, sin peligro de que después la prometida ya no se casara con él.
Desposada a un hombre llamado José.
En Israel era muy estimado el nombre de María. Así se llamaba la hermana de Moisés, y en tiempos de Jesús este nombre era tan popular, que las tres mujeres que estuvieron presentes en el Calvario, todas tenían el nombre de María. Las tres Marías.
María es un nombre que significaba "Señora" o "Princesa", pero varios autores dicen que en Egipto el nombre de María proviene de dos palabras: "Mar": la hija preferida, e "ia": abreviatura de IAVEH: Dios. Por lo cual el nombre de María significa: La hija preferida de Dios. Y en verdad que sí corresponde muy bien este significado a lo que en realidad ha llegado a ser la Madre de Jesús: la hija que más quiere Dios.
« Y entrando, le dijo: «Salve, llena de gracia,
el Señor está contigo.»
Salve: En hebreo, Shalon Jalai, o sea: ¡Yo te saludo. Te felicito. Alégrate! Cada vez que rezamos el Avemaría saludamos a la Virgen con el mismo saludo con el que la saludó el ángel en el día más feliz de su vida, en el día de la Anunciación, cuando ella empezó a ser Madre de Dios. Podremos decir que no hemos saludado al Presidente o al Papa, pero sí hemos saludado muchas veces a la Virgen Santa con el saludo que a Ella más le agrada, el que le compuso el mismo Dios en persona.
Llena de gracia: La mujer que más gracias o favores ha recibido de Dios. Llena de gracia quiere decir: la muy simpática para Dios. Si Ella hubiera tenido algún pecado, ya no habría sido totalmente simpática para Nuestro Señor. Pero Ella no tuvo ni la más mínima mancha de pecado.
El Señor está contigo: Los israelitas cuando querían animar a una persona y asegurarle que le iban a suceder cosas maravillosas le decían: "El Señor está contigo". Es que "si Dios está con nosotros, ¿quién podrá contra nosotros?". Cada vez que rezamos el Avemaría felicitamos a la Virgen por esta bella noticia: ¡El Señor está siempre contigo! ¡Y ojalá que esté siempre también con cada uno de nosotros!
« Ella se conturbó por estas palabras, y preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas,
María, porque has hallado gracia delante de Dios ».
No temas: Es una frase que en la Santa Biblia se repite muchas veces, dirigida hacia las personas que Dios elige para sus grandes obras. ¡No temas, porque Dios va contigo y te ayudará en todo. ¡No temas!
«has hallado gracia delante de Dios»

Maravilloso elogio. Ojalá se pudiera decir también de cada uno de nosotros.
«vas a concebir en el seno y vas a dar a luz
un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.»
El nombre Jesús significa: el que salva de los pecados. Porque El ha venido a salvarnos a los pecadores y a pagar nuestras deudas ante Dios.
« Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo,
y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino
no tendrá fin. »

Bellísimas noticias acerca de Jesús, que conviene recordar y no olvidar jamás.
« María respondió al ángel: '¿Cómo será esto, puesto que
no conozco varón? El ángel le respondió: 'El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será
llamado Hijo de Dios... Dijo María: 'He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.' Y el ángel dejándola se fue. »

Y en aquel momento el Hijo de Dios se encarnó y se hizo hombre en el vientre Santísimo de la Virgen María. Día grande y mil veces bendito en el que Dios se vino a vivir entre nosotros.

En 9 meses será Navidad, el día del Nacimiento de Jesús.

¡Gracias Señor te damos por haber
asumido nuestra humanidad para salvarnos!
Tanto amó Dios al mundo que le dió a su propio Hijo
para que el mundo se salve por medio de Él.

(Evangelio de San Juan).

fuente: www.ewtn.com

7.3.12

Venerable Sor María Antonia de Paz y Figueroa


El Santo Padre Benedicto XVI proclamó Venerable, el jueves 2 de julio de 2010, a la Sierva de Dios María Antonia de Paz y Figueroa (María Antonia de San José).
Fundadora de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales. Ver AQUÍ



Nacida en Silípica (Santiago del Estero) en 1730 y muerta en Buenos Aires el 7 de marzo de 1799, fundó la Santa Casa de Ejercicios de Buenos Aires y las Hijas del Divino Salvador.
María Antonia de Paz y Figueroa y sus “beatas”
En 1760, en Santiago del Estero, María Antonia de Paz y Figueroa reunió a un grupo de chicas jóvenes que vivían en común, rezaban, ejercían la caridad y colaboraban con los padres jesuitas. En quel entonces se las llamaba “beatas”; ahora se les dice laicas consagradas. Durante veinte años María Antonia estuvo al servicio de los padres jesuitas, asistiéndolos especialmente en las tareas auxiliares de los ejercicios espirituales.
Cuando se produjo la expulsión de los jesuitas en 1767, María Antonia pidió al mercedario Diego Toro que asumiera las tareas propias de la predicación y la confesión, mientras que ella se ocuparía con sus compañeras del alojamiento y las provisiones para continuar con los ejercicios espirituales. La amistad con los jesuitas la siguió manteniendo vía epistolar.

Viajaba caminando descalza

Tiempo después abandona Santiago del Estero para organizar ejercicios espirituales en Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja. “Mamá Antula” -así empezaron a llamarla- era una mujer con un estilo muy peculiar. Los viajes los hacía caminando descalza y pidiendo limosnas. No quedan testimonios de cuántas veces preparó ejercicios en algunas ciudades, pero sólo en Tucumán se hicieron sesenta. A pesar de sus viajes por montañas, desiertos y parajes que desconocía, jamás sufrió percance alguno. En Catamarca padeció una enfermedad y fue desahuciada por el médico. “Me encomendé al Sagrado Corazón y me encontré curada pronto, sin ningún remedio”, aseguró. Una vez se rompió una costilla, en otra ocasión se dislocó un pie “pero fui curada una y otra vez por una mano invisible”, repetía.

El retiro final

María Antonia sentía que le flaqueban las fuerzas. Contaba sesenta y nueve años y no pudo ver concluida su obra. Murió el 7 de marzo de 1799. Pero el grupo de mujeres que la acompañaba se convirtió en una pujante congregación religiosa en 1878, que hoy desarrolla sus tareas apostólicas en varias provincias. El corazón de la Madre Antula sigue palpitando en la Santa Casa de Ejercicios que se conserva en Buenos Aires como uno de los edificios más antiguos de la ciudad y atesora viejos recuerdos en forma de imágenes, muros, puertas y patios, que constituyen un patrimonio vivo de la historia argentina.+

fuente: fragmentos extraídos de aíca on line.
Leer completo aquí:  http://www.aica.org

24.2.12

Miércoles de Ceniza

HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Basílica de Santa Sabina
Miércoles de Ceniza, 22 de febrero de 2012

Venerados hermanos,
queridos hermanos y hermanas:
Con este día de penitencia y de ayuno —el miércoles de Ceniza— comenzamos un nuevo camino hacia la Pascua de Resurrección: el camino de la Cuaresma. Quiero detenerme brevemente a reflexionar sobre el signo litúrgico de la ceniza, un signo material, un elemento de la naturaleza, que en la liturgia se transforma en un símbolo sagrado, muy importante en este día con el que se inicia el itinerario cuaresmal. Antiguamente, en la cultura judía, la costumbre de ponerse ceniza sobre la cabeza como signo de penitencia era común, unido con frecuencia a vestirse de saco o de andrajos. Para nosotros, los cristianos, en cambio, este es el único momento, que por lo demás tiene una notable importancia ritual y espiritual. Ante todo, la ceniza es uno de los signos materiales que introducen el cosmos en la liturgia. Los principales son, evidentemente, los de los sacramentos: el agua, el aceite, el pan y el vino, que constituyen verdadera materia sacramental, instrumento a través del cual se comunica la gracia de Cristo que llega hasta nosotros. En el caso de la ceniza se trata, en cambio, de un signo no sacramental, pero unido a la oración y a la santificación del pueblo cristiano. De hecho, antes de la imposición individual sobre la cabeza, se prevé una bendición específica de la ceniza —que realizaremos dentro de poco—, con dos fórmulas posibles. En la primera se la define «símbolo austero»; en la segunda se invoca directamente sobre ella la bendición y se hace referencia al texto del Libro del Génesis, que puede acompañar también el gesto de la imposición: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás» (cf. Gn 3, 19).
Detengámonos un momento en este pasaje del Génesis. Con él concluye el juicio pronunciado por Dios después del pecado original: Dios maldice a la serpiente, que hizo caer en el pecado al hombre y a la mujer; luego castiga a la mujer anunciándole los dolores del parto y una relación desequilibrada con su marido; por último, castiga al hombre, le anuncia la fatiga al trabajar y maldice el suelo. «¡Maldito el suelo por tu culpa!» (Gn 3, 17), a causa de tu pecado. Por consiguiente, el hombre y la mujer no son maldecidos directamente, mientras que la serpiente sí lo es; sin embargo, a causa del pecado de Adán, es maldecido el suelo, del que había sido modelado. Releamos el magnífico relato de la creación del hombre a partir de la tierra: «Entonces el Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo. Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que él había modelado» (Gn 2, 7-8). Así dice el Libro del Génesis.
Por lo tanto, el signo de la ceniza nos remite al gran fresco de la creación, en el que se dice que el ser humano es una singular unidad de materia y de aliento divino, a través de la imagen del polvo del suelo modelado por Dios y animado por su aliento insuflado en la nariz de la nueva criatura. Podemos notar cómo en el relato del Génesis el símbolo del polvo sufre una transformación negativa a causa del pecado. Mientras que antes de la caída el suelo es una potencialidad totalmente buena, regada por un manantial de agua (cf. Gn 2, 6) y capaz, por obra de Dios, de hacer brotar «toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer» (Gn 2, 9), después de la caída y la consiguiente maldición divina, producirá «cardos y espinas» y sólo a cambio de «dolor» y «sudor del rostro» concederá al hombre sus frutos (cf. Gn 3, 17-18). El polvo de la tierra ya no remite sólo al gesto creador de Dios, totalmente abierto a la vida, sino que se transforma en signo de un inexorable destino de muerte: «Eres polvo y al polvo volverás» (Gn 3, 19).
Es evidente en el texto bíblico que la tierra participa del destino del hombre. A este respecto dice san Juan Crisóstomo en una de sus homilías: «Ve cómo después de su desobediencia todo se le impone a él [el hombre] de un modo contrario a su precedente estilo de vida» (Homilías sobre el Génesis 17, 9: pg 53, 146). Esta maldición del suelo tiene una función medicinal para el hombre, a quien la «resistencia» de la tierra debería ayudarle a mantenerse en sus límites y reconocer su propia naturaleza (cf. ib.). Así, con una bella síntesis, se expresa otro comentario antiguo, que dice: «Adán fue creado puro por Dios para su servicio. Todas las criaturas le fueron concedidas para servirlo. Estaba destinado a ser el amo y el rey de todas las criaturas. Pero cuando el mal llegó a él y conversó con él, él lo recibió por medio de una escucha externa. Luego penetró en su corazón y se apoderó de todo su ser. Cuando fue capturado de este modo, la creación, que lo había asistido y servido, fue capturada con él» (Pseudo-Macario, Homilías 11, 5: pg 34, 547).
Decíamos hace poco, citando a san Juan Crisóstomo, que la maldición del suelo tiene una función «medicinal». Eso significa que la intención de Dios, que siempre es benéfica, es más profunda que la maldición. Esta, en efecto, no se debe a Dios sino al pecado, pero Dios no puede dejar de infligirla, porque respeta la libertad del hombre y sus consecuencias, incluso las negativas. Así pues, dentro del castigo, y también dentro de la maldición del suelo, permanece una intención buena que viene de Dios. Cuando Dios dice al hombre: «Eres polvo y al polvo volverás», junto con el justo castigo también quiere anunciar un camino de salvación, que pasará precisamente a través de la tierra, a través de aquel «polvo», de aquella «carne» que será asumida por el Verbo. En esta perspectiva salvífica, la liturgia del miércoles de Ceniza retoma las palabras del Génesis: como invitación a la penitencia, a la humildad, a tener presente la propia condición mortal, pero no para acabar en la desesperación, sino para acoger, precisamente en esta mortalidad nuestra, la impensable cercanía de Dios, que, más allá de la muerte, abre el paso a la resurrección, al paraíso finalmente reencontrado. En este sentido nos orienta un texto de Orígenes, que dice: «Lo que inicialmente era carne, procedente de la tierra, un hombre de polvo, (cf. 1 Co 15, 47), y fue disuelto por la muerte y de nuevo transformado en polvo y ceniza —de hecho, está escrito: eres polvo y al polvo volverás—, es resucitado de nuevo de la tierra. A continuación, según los méritos del alma que habita el cuerpo, la persona avanza hacia la gloria de un cuerpo espiritual» (Principios 3, 6, 5: sch, 268, 248).
Los «méritos del alma», de los que habla Orígenes, son necesarios; pero son fundamentales los méritos de Cristo, la eficacia de su Misterio pascual. San Pablo nos ha ofrecido una formulación sintética en la Segunda Carta a los Corintios, hoy segunda lectura: «Al que no conocía el pecado, Dios lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él» (2 Co 5, 21). La posibilidad para nosotros del perdón divino depende esencialmente del hecho de que Dios mismo, en la persona de su Hijo, quiso compartir nuestra condición, pero no la corrupción del pecado. Y el Padre lo resucitó con el poder de su Santo Espíritu; y Jesús, el nuevo Adán, se ha convertido, como dice san Pablo, en «espíritu vivificante» (1 Co 15, 45), la primicia de la nueva creación. El mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos puede transformar nuestros corazones de piedra en corazones de carne (cf. Ez 36, 26). Lo acabamos de invocar con el Salmo Miserere: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu» (Sal 50, 12-13). El Dios que expulsó a los primeros padres del Edén envió a su propio Hijo a nuestra tierra devastada por el pecado, no lo perdonó, para que nosotros, hijos pródigos, podamos volver, arrepentidos y redimidos por su misericordia, a nuestra verdadera patria. Que así sea para cada uno de nosotros, para todos los creyentes, para cada hombre que humildemente se reconoce necesitado de salvación. Amén.

Fuente: http://www.vatican.va/

11.2.12

Nuestra Señora de Lourdes

 

1858
Jueves 11 de febrero: El encuentro

Acompañada de su hermana y de una amiga, Bernardita se dirige a la Gruta de Massabielle, al borde del Gave, para recoger leña, ramas secas y pequeños troncos. Mientras se está descalzando para cruzar el arroyo, oye un ruido como de una ráfaga de viento, levanta la cabeza hacia la Gruta: "VI A UNA SEÑORA VESTIDA DE BLANCO: LLEVABA UN VESTIDO BLANCO, UN VELO TAMBIÉN DE COLOR BLANCO, UN CINTURÓN AZUL Y UNA ROSA AMARILLA EN CADA PIE." Hace la señal de la cruz y reza el rosario con la Señora. Terminada la oración, la Señora desaparece de repente.

fuente: lourdes-france.org

7.1.12

En Enero

-Santa Bernadette-

Bernada Sobirós (Bernadette Soubirous), nació un 7 de enero de 1844 en Lourdes. 
El día de la primera aparición de la Virgen María, el 11 de febrero de 1858, Bernardita tenía 14 años de edad.
Ese año, el 3 de junio, Día del Corpus Christi, y dentro del período de las apariciones, tomó su Primera Comunión, en la capilla del Hospicio de las Hermanas de Nevers. 
En 1867, hizo su profesión religiosa en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers.
El 16 de abril de 1879, partió de este mundo, a la edad de 35 años.
En 1925, Pío XI proclamó beata a Bernardita, y en 1933, año jubilar, fue santificada.



Bernadette en la gruta de Masse-Vieille 



Santa Bernadette Soubirous 





-Santa teresa de Lisieux-

Marie-Françoise-Thérèse Martin, luego Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, nació el 2 de enero de 1873 en el n° 12 de la calle Saint-Blaise en Alençon, Francia y fue bautizada el 4 de enero en la Iglesia de Nuestra Señora de Alençon. Fue la menor de nueve  hermanos. Cuatro murieron a muy corta edad. Teresita convivió entonces con sus cuatro hermanas quienes tomaron, también, los hábitos religiosos.


bautizada en la Basílica de Notre Dame de Alençon



Teresa a los 3 años de edad


a los 13 años


El Carmelo de la ciudad de Lisieux donde ingresa el 9 de abril de 1888

Murió el 30 de septiembre de 1897, a la edad de 24 años


Santa Teresa de Lisieux