Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo. Es el propiciatorio colocado sobre el arca de Dios. Es "el misterio escondido desde siglos"
(San Buenaventura)

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11.2.22

Primera Aparición de María en Lourdes

Relato de Bernadette luego de la primera aparición de María, 11 de febrero de 1858.

«Fui al borde del Gave para recoger leña con otras dos niñas. Pasaron el arroyo y se echaron a llorar. Yo les pregunté por qué lloraban. Me respondieron que el agua estaba muy fría. Les pedí que me ayudaran a echar piedras en el agua para pasar sin tener que descalzarme; me contestaron que hiciera como ellas. Entonces me fui un poco más lejos para ver si podía pasar sin descalzarme. No pude. Entonces volví delante de la Gruta para descalzarme. Estaba empezando a hacerlo cuando oí un rumor. Me volví del lado de la pradera; vi que los árboles no se movían en absoluto. Seguí descalzándome; volví a oír el mismo rumor. Levanté la cabeza mirando hacia la gruta. Vi a una Señora vestida de blanco: tenía un vestido blanco y un cinturón azul y una rosa amarilla en cada pie, del mismo color que la cadena de su rosario. Cuando vi todo eso, froté mis ojos; creía equivocarme. Metí la mano en mi bolsillo, allí encontré mi rosario. Quería hacer la señal de la cruz; no pude llevar la mano a la frente: se me cayó. La visión hizo la señal de la cruz. Entonces mi mano temblaba; intenté hacerla y pude. Recé el rosario; la visión pasaba las cuentas del suyo, pero no movía los labios. Cuando terminé el rosario, la visión desapareció de repente. Pregunté a las otras si habían visto algo y me dijeron que no. Me preguntaron lo que era, que tenía que contárselo. Entonces les dije que había visto a una Señora vestida de blanco, pero que no sabía lo que era, y que no tenían que decírselo a nadie. Me dijeron que no volviera a pensar en ello; les dije que no».

11.2.18

Lourdes-Milagros


ALEXIS CARREL (1873–1944) era un joven médico francés de Lyon de 30 años, cuando reemplazó a uno de sus compañeros para ir como médico a una peregrinación de 300 enfermos al santuario de Lourdes, en julio de 1903.

No creía en Dios ni en milagros. Era un científico, que sólo creía en la razón, pero era un hombre sincero y, al final del viaje, debió reconocer que existía Dios y lo sobrenatural. Él nos cuenta su aventura espiritual en su libro Viaje a Lourdes, donde él escribe sus impresiones bajo el nombre de Dr. Lerrac (el revés de Carrel).

Dice así: El tren se detuvo antes de entrar en la estación de Lourdes. Las ventanillas se llenaron de cabezas pálidas, extáticas, alegres, en un saludo a la tierra elegida, donde habrían de desaparecer los males... Un gran anhelo de esperanza surgía de estos deseos, de estas angustias y de este amor 

Al llegar los enfermos al hospital, Lerrac se acercó a la cama que ocupaba una joven enferma de peritonitis tuberculosa... María Ferrand (su verdadero nombre era María Bailly) tenía las costillas marcadas en la piel y el vientre hinchado. La tumefacción era casi uniforme, pero algo más voluminosa hacia el lado izquierdo. El vientre parecía distendido por materias duras y, en el centro, notábase una parte más depresible llena de líquido. Era la forma clásica de la peritonitis tuberculosa... El padre y la madre de esta joven murieron tísicos; ella escupe sangre desde la edad de quince años; y a los dieciocho contrajo una pleuresía tuberculosa y le sacaron dos litros y medio de líquido del costado izquierdo; después tuvo cavernas pulmonares y, por último, desde hace ocho meses sufre esta peritonitis tuberculosa. Se encuentra en el último período de caquexia. El corazón late sin orden ni concierto. Morirá pronto, puede vivir tal vez unos días, pero está sentenciada


A María Ferrand, después de hacerle unas abluciones con el agua milagrosa de la Virgen, porque su estado era sumamente grave y no se atrevieron a meterla en la piscina, la llevaron ante la imagen de la Virgen en la gruta.

La mirada de Lerrac se posó en María Ferrand y le pareció que algo había cambiado su aspecto, parecía que su cutis tenía menos palidez... Lerrac se acercó a la joven y contó las pulsaciones y la respiración y comentó: La respiración es más lenta. Evidentemente, tenía ante sus ojos una mejoría rápida en el estado general. Algo iba a suceder y se resistió a dejarse llevar por la emoción. Concentró su mirada en María Ferrand sin mirar a nadie más. El rostro de la joven, con los ojos brillantes y extasiados, fijos en la gruta, seguía experimentando modificaciones. Se había producido una importante mejoría. De pronto, Lerrac se sintió palidecer al ver cómo, en el lugar correspondiente a la cintura de la enferma, el cobertor iba descendiendo, poco a poco, hasta el nivel del vientre...

En la basílica acababan de dar las tres de la tarde. Algunos minutos después, la tumefacción del vientre pareció que había desaparecido por completo... Lerrac no hablaba ni pensaba. Aquel suceso inesperado estaba en contradicción con todas sus ideas y previsiones y le parecía estar soñando. Le dieron una taza llena de leche a la joven y la bebió por entero. A los pocos momentos, levantó la cabeza, miró en torno suyo, se removió algo y reclinóse sobre un costado sin dar la menor muestra de dolor. Eran ya cerca de las cuatro. Acababa de suceder lo imposible, lo inesperado, ¡el milagro! Aquella muchacha agonizante poco antes, estaba casi curada

Esto no puede ser una peritonitis nerviosa, pensaba. Ofrecía síntomas demasiado acusados y absolutamente claros... Hacia las siete y media volvió al hospital, ardiendo de curiosidad y angustia...

Quedóse mudo de asombro. La transformación era prodigiosa. La joven, vistiendo una camisa blanca, se hallaba sentada en la cama. Los ojos brillaban en su rostro, gris y demacrado aún, pero móvil y vibrante, con un color rosado en las mejillas. Las comisuras de sus labios en reposo, conservaban todavía un pliegue doloroso, impronta de tantos años de sufrimientos, pero de toda su persona emanaba una indefinible sensación de calma, que irradiando en torno suyo, iluminaba de alegría la triste sala.

- Doctor, estoy completamente curada, dijo a Lerrac, aunque me siento débil... La curación era completa. Aquella moribunda de rostro cianótico, vientre distendido y corazón agitado, habíase convertido en pocas horas en una joven casi normal, sólamente demacrada y débil... ¡Es el milagro, el gran milagro, que hace vibrar a las multitudes, atrayéndolas alocadas a Lourdes! ¡Qué feliz casualidad ver cómo, entre tantos enfermos, ha sanado la que yo mejor conocía y a la que había observado largamente!

Y él se fue a la gruta, a contemplar atentamente la imagen de la Virgen, las muletas que, como exvotos, llenaban las paredes iluminadas por el resplandor de los cirios, cuya incesante humareda había ennegrecido la roca... Lerrac tomó asiento en una silla al lado de un campesino anciano y permaneció inmóvil largo rato con la cabeza entre las manos, mecido por los cánticos nocturnos, mientras del fondo de su alma brotaba esta plegaria:

“Virgen Santa, socorro de los desgraciados que te imploran humildemente, sálvame. Creo en ti, has querido responder a mi duda con un gran milagro. No lo comprendo y dudo todavía. Pero mi gran deseo y el objeto supremo de todas mis aspiraciones es ahora creer, creer apasionada y ciegamente sin discutir ni criticar nunca más. Tu nombre es más bello que el sol de la mañana. Acoge al inquieto pecador, que con el corazón turbado y la frente surcada por las arrugas se agita, corriendo tras las quimeras. Bajo los profundos y duros consejos de mi orgullo intelectual yace, desgraciadamente ahogado todavía, un sueño, el más seductor de todos los sueños: el de creer en ti y amarte como te aman los monjes de alma pura...”

Eran las tres de la madrugada y a Lerrac le pareció que la serenidad que presidía todas las cosas había descendido también a su alma, inundándola de calma y dulzura. Las preocupaciones de la vida cotidiana, las hipótesis, las teorías y las inquietudes intelectuales habían desaparecido de su mente. Tuvo la impresión de que bajo la mano de la Virgen, había alcanzado la certidumbre y hasta creyó sentir su admirable y pacificadora dulzura de una manera tan profunda que, sin la menor inquietud, alejó la amenaza de un retorno a la duda.

En su libro Meditaciones escribió: “Señor, te doy gracias por haberme conservado la vida hasta el día de hoy. Mi vida ha sido un desierto, porque no te he conocido. Haz que, a pesar del otoño, este desierto florezca.

Que cada minuto de los días que me queden esté consagrado a Ti. No quiero nada para mí, excepto tu gracia. Que cada minuto de mi vida esté consagrado a tu servicio. Señor, toma la dirección de mi vida, porque estoy perdido en las tinieblas. Todo lo que tu voluntad me inspire hacer, lo cumpliré. Es necesario acercarse a Ti, Señor, con toda pureza y humildad... Oh, Dios mío, cómo lamento no haber comprendido nada de la vida, haber intentado entender cosas que es inútil comprender. Y es que la vida no consiste en comprender sino en amar. Haz, Dios mío, que no sea para mí demasiado tarde. Haz que la última página del libro de mi vida no esté ya escrita. Que pueda añadirse otro capítulo a este libro tan malo. Habla, que tu indigno servidor te escucha. Te ofrezco todo cuanto me queda. Te hago el sacrificio voluntariode mi vida, como una plegaria. Te pido que me guíes por el camino verdadero, el de las gentes sencillas, el de los que aman y rezan. Perdóname todas las faltas de mi vida. Que cada minuto del tiempo, que aún me esté permitido vivir, transcurra cumpliendo tu voluntad en la senda que escojas para mí. Oh Dios mío, en este día me abandono totalmente a Ti, con el sentimiento infinito de haber pasado por la vida como un ciego. Haz, Señor, que pueda emplear el resto de mi vida en tu servicio y en el de los que sufren” .


María Ferrand (María Bailly), la curada por la Virgen, se hizo religiosa de la caridad, de San Vicente de Paul, y murió en 1937.

Alexis Carrel (Dr. Lerrac), después del milagro, publicó algunos escritos sobre este hecho en los periódicos y revistas, pero fue marcado por el ambiente anticlerical de sus colegas, por lo que no le quisieron dar ningún trabajo.

Esto fue providencial; pues, buscando empleo, fue al Instituto Rockefeller de Nueva York a investigar y, como premio de sus investigaciones, a los diez años del milagro, recibió el premio Nóbel de Medicina. Murió en París en noviembre de 1944. Según afirmó el sacerdote que lo atendió en los últimos momentos, se confesó, comulgó, recibió la unción de los enfermos y dijo: Quiero creer y creo todo lo que la Iglesia católica quiere que creamos y para ello no experimento dificultad alguna, porque no hallo nada que esté en oposición real con los datos ciertos de la ciencia.

Extraído de  es.catholic.net 


11.2.14

Nuestra Sra. de Lourdes


"Oh Madre mía, a vuestro corazón confío las angustias de mi corazón,
 y a él vengo a buscar ánimo y fortaleza". 
( Bernardette Soubirous, Cuaderno de notas íntimas, Pag. 28)




16.4.13

Santa Bernadette


  
La vida de Bernardita fue austera, pero ella nunca estaba triste. Derrochaba alegría y paz a su alrededor, en beneficio de los enfermos, de los niños o de las Hermanas jóvenes.
Desde que pudo comulgar, Bernardita se alimentó de la Eucaristía. Su Primera Comunión tuvo lugar poco antes de la última aparición. A causa de su enfermedad, Bernardita obtuvo el permiso de comulgar con frecuencia en un tiempo en que esto no era habitual. Durante sus noches de insomnio en la enfermería de Nevers, miraba una estampa de la consagración y se unía a las Misas que se celebraban en ese instante en uno o en otro lugar de la Tierra. Unida a Jesucristo en su Pasión, hizo de su vida, "una ofrenda viva y santa".
Bernardita murió en Nevers, el 16 de abril de 1879. Su cuerpo reposa en la capilla de las Hermanas. Fue canonizada en 1933.
Fragmento del Mensaje de Lourdes n° 2
año 2008/ Jacques Perrier, obispo de Tarbes-Lourdes

11.2.12

Nuestra Señora de Lourdes

 

1858
Jueves 11 de febrero: El encuentro

Acompañada de su hermana y de una amiga, Bernardita se dirige a la Gruta de Massabielle, al borde del Gave, para recoger leña, ramas secas y pequeños troncos. Mientras se está descalzando para cruzar el arroyo, oye un ruido como de una ráfaga de viento, levanta la cabeza hacia la Gruta: "VI A UNA SEÑORA VESTIDA DE BLANCO: LLEVABA UN VESTIDO BLANCO, UN VELO TAMBIÉN DE COLOR BLANCO, UN CINTURÓN AZUL Y UNA ROSA AMARILLA EN CADA PIE." Hace la señal de la cruz y reza el rosario con la Señora. Terminada la oración, la Señora desaparece de repente.

fuente: lourdes-france.org

16.7.10

Ultima aparición de la Virgen en Lourdes - 1858





16 de julio de 1858: última aparición de la Virgen.

Bernardita siente interiormente el misterioso llamamiento de la Virgen y se dirige a la Gruta; pero el acceso a ella estaba prohibido y , la gruta, vallada. Se dirige, pues, al otro lado del Gave, enfrente de la Gruta. "Me parecía que estaba delante de la Gruta, a la misma distancia que las otras veces, no veía más que a la Virgen, jamás la había visto tan bella"
Sus propias palabras: "Il me semblait que j'étais devant la grotte, à la même distance que les autres fois, je voyais seulement la vierge, jamais je ne l'ai vue aussi belle!"



María se apareció a Bernardita, sola. No llevaba en sus brazos al Niño. Esto debería ayudarnos a comprender que no hay que confundir la Inmaculada Concepción de María con la fe comun que profesamos en el credo: que Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen. El dogma de la Inmaculada Concepción se refiere personalmente a María.
La imagen más antigua de la Virgen de Lourdes es la de la Gruta. Joseph Fabish, artista de gran talento, no descuidó nada para que su obra fuera lo más fiel posible a la visión de Bernardita, preguntándole hasta los más mínimos detalles. Cuál fue su decepción cuando Bernardita, tras haber dicho una frase de cortesía declaró: "¡No, no es eso!"
La imagen fue desvelada solemnemente el 4 de abril de 1864, día en que, debido a la fecha de Pascua de Resurrección, se celebraba la anunciación de María. El ángel se dirigió a ella llamándola simplemente: "llena de gracia", que a mí me gusta traducir como "perfección de la gracia", "obra maestra de la gracia". Bernardita, que ese día se encontraba enferma, no pudo asistir a la inauguración.
La observación de Bernardita no tenía mala intención. No era una crítica artística sino tan sólo la comprobación de una imposibilidad: ninguna obra humana puede igualar la belleza celestial. Otras videntes tuvieron reacciones similares.
A pesar del disgusto, Fabish repitió el hecho en 1866 esculpiendo la Virgen con el Niño, que se encuentra en la Cripta, bajo la Basílica Superior. Esta imagen se encuentra encima del sagrario y del crucifijo, emplazamiento no muy satisfactorio desde el punto de vista teológico. La gente piadosa puede defender la tesis contraria: el que está presente en la Eucaristía es el que dió su vida por nosotros, y esta vida le fue dad por María.
Diez años más tarde se tuvo una de las ceremonias más grandiosas que se han visto en Lourdes: el 2 de julio de 1876 se hizo la consagración del santuario de la Inmaculada Concepción, erigido en la basílica dos años antes. Y al día siguiente tuvo lugar la coronación de una imagen de la Virgen.
La imagen actual fue colocada en 1877. Ese mismo año, Myriam Franck esculpió otra imagen de la Virgen, en acción de gracias por la conversión de su padre, que era rabino en parís. Esta imagen se encuentra hoy en las piscinas. María hace la señal de la cruz, como el 11 de febrero de 1858.


La roca en que se encuentra la Gruta se llama Massabielle, que significa peña vieja. En este bloque de 27 metros de altura, la Gruta mide 3,80 metros de alta, 9,50 de fondo y 9,85 de ancha. La gruta está formada por tres cavidades desiguales. La más grande se ha convertido en el lugar de celebración de la misa. A media altura, un poco a la derecha, se encuentra un nicho ojival de 2 metros de altura. Allí se apareció la Santísima Virgen a una muchacha llamada Bernardita Soubirous, 18 veces, entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858.
La imagen, de 1,88 metros de altura, representa la Aparición en la actitud que tenía cuando dijo: "Yo soy la Inmaculada Concepción". Fue instalada en ese nicho el 4 de abril de 1864. Y fue realizada por Joseph Fabisch, profesor de la escuela de Bellas Artes de Lyón.
En el suelo, a la izquierda delante de la Gruta, está señalado por una placa el sitio exacto donde se encontraba Bernardita: "aquí rezaba Bernardita el 11 de febrero de 1858". Al fondo de la Gruta, a la izquierda del altar, se puede ver la fuente que descubrió Bernardita siguiendo las indicaciones del Virgen, el 25 de febrero de 1858. Detrás del altar, se encuentra una urna donde cada uno puede depositar sus intenciones de oración. Delante del altar, una placa recuerda la visita del papa Juan Pablo II, el 15 de agosto de 1983.
El jueves 11 de febrero de 1858, Bernardita oye un ruido como una ráfaga de viento y ve una luz. Ve a una joven, vestida de blanco, con un cinturón azul, una rosa amarilla sobre cada pie y un rosario pendiente del brazo: Hasta el 16 de julio de 1858, Bernardita se encontrará con ella 18 veces. Ya en tiempos de las apariciones se contaron hasta 10.000 personas reunidas ante la Gruta. Actualmente, la Gruta es uno de los lugares más visitados del mundo, con unos seis millones los peregrinos y visitantes que acuden cada año a rezar ante la Gruta de Massabielle.
Entre 1858 y 1900, fue desviado por dos veces el cauce del Gave en una longitud de 350 metros y una anchura de cerca de 28 metros.
El canal (que había cruzado Bernardita) y el arroyo de "Merlasse" fueron desviados más arriba y se cegó su antiguo cauce. De esta manera, delante de la Gruta hay espacio suficiente para dar cabida a varios millares de peregrinos.
Los peregrinos hacen cola pacientemente para entrar en la Gruta. Una vez llegados a ese lugar santo, rezan, se recogen ante el manantial, tocan la roca de la Gruta, para expresar su agradecimiento a María y su confianza en Dios. “El Señor es mi roca, mi fortaleza, mi libertador”. (Salmo 17)
Mons. Jacques Perrier
Fragmentos extraídos de : Mensaje de Lourdes / Separata de la revista Lourdes Magazine - 2008 (150º aniversario de las Apariciones) / Leer completo AQUI

11.2.10

Ntra. Sra. de Lourdes



Imágenes de Ntra Sra. de Lourdes y de Santa Bernadette en la Gruta de la ciudad de Alta
Gracia, Córdoba.

Este año, el 11 de febrero es un día Jueves, como lo fue en 1858.
Bernadette, una niña de catorce años, recogía leña en Massbielle, en las afueras de Lourdes, cuando acercándose a una gruta, una ráfaga de viento la sorprendió y vio una nube dorada y a una Señora vestida de blanco, con sus pies descalzos cubiertos por dos rosas doradas, que parecían apoyarse sobre las ramas de un rosal; en su cintura tenía una ancha cinta azul, sus manos juntas estaban en posición de oración y llevaba un rosario.
Bernadette, al principio, se asustó, pero luego comenzó a rezar el rosario que siempre llevaba consigo. Al mismo tiempo que la niña, la Señora pasaba las cuentas del suyo entre sus dedos. Al finalizar, la Virgen María retrocedió hacia la Gruta y desapareció. Estas apariciones se repitieron 18 veces, hasta el día 16 de julio.
El 18 de febrero en la tercera aparición la Virgen le dijo a Bernadette: "Ven aquí durante quince días seguidos". La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó: "Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro".
La noticia de las apariciones se corrió por toda la comarca, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, otros se burlaban.
En la novena aparición, el 25 de febrero, la Señora mandó a Santa Bernadette a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña no la encontró, pero obedeció la solicitud de la Virgen, y escarbó en el suelo, produciéndose el primer brote del milagroso manantial de Lourdes.
En las apariciones, la Señora exhortó a la niña a rogar por los pecadores, manifestó el deseo de que en el lugar sea erigida una capilla y mando a Bernadette a besar la tierra, como acto de penitencia para ella y para otros, el pueblo presente en el lugar también la imitó y hasta el día de hoy, esta práctica continúa.
El 25 de marzo, a pedido del párroco del lugar, la niña pregunta a la Señora ¿Quien eres?, y ella le responde: "Yo soy la Inmaculada Concepción".
Luego Bernadette fue a contarle al sacerdote, y él quedo asombrado, pues era casi imposible que una jovencita analfabeta pudiese saber sobre el dogma de la Inmaculada Concepción, declarado por el Papa Pío IX en 1854.
En la aparición del día 5 de abril, la niña permanece en éxtasis, sin quemarse por la vela que se consume entre sus manos.
El 16 de julio de 1858, la Virgen María aparece por última vez y se despide de Bernadette.
En el lugar se comenzó a construirse un Santuario, el Papa Pío IX le dio el título de Basílica en 1874. Las apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de enero de 1862.
Lourdes es uno de los lugares de mayor peregrinaje en el mundo, millones de personas acuden cada año y muchísimos enfermos han sido sanados en sus aguas milagrosas. La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes se celebra el día de su primera aparición, el 11 de febrero.

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Separata de la revista Lourdes Magazine traducida al español
con información esencial y reflexiones sobre las Apariciones
de Nuestra Señora en la Gruta de Lourdes:
Mensaje de Lourdes.