Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo. Es el propiciatorio colocado sobre el arca de Dios. Es "el misterio escondido desde siglos"
(San Buenaventura)

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14.1.21

San Francisco y el enfermo de lepra.

Evangelio según San Marcos 1,40-45.
Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si quieres, puedes purificarme".
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado".
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes. 

Relato de tres compañeros de San Francisco de Asís (c. 1244)
Parágrafo 11

San Francisco es curado de su miedo por un leproso

Un día, cuando el joven Francisco montaba a caballo cerca de Asís, un leproso le salió al encuentro. Francisco sentía una gran repugnancia hacia los leprosos. Esto le empujó con fuerza a bajar del caballo y le dio al leproso una moneda  de plata, besándole la mano. El leproso le dio un beso de paz y Francisco montó de nuevo en el caballo y continuó su camino. A partir de este momento empezó a superar cada vez más sus inclinaciones naturales y llegó a una perfecta victoria sobre sí mismo, por la gracia de Dios.
Algunos días más tarde, con gran cantidad de dinero en el bolsillo se dirigió hacia el hospicio de los leprosos y, una vez reunidos todos, les dio a cada uno de ellos una limosna besándoles las manos. A la vuelta experimentó lo que en un principio le resultaba amargo, --ver y tocar a los leprosos--, se le había vuelto dulzura. Antes, la simple vista de los leprosos, como él mismo confesaba, le era tan penoso que incluso evitaba ver las casas donde habitaban. Si en alguna ocasión los veía o le tocaba pasar cerca de una leprosería...volvía el rostro y se tapaba la nariz. Pero la gracia de Dios le convirtió de tal manera que se le hizo familiar y le gustaba convivir con ellos y servirlos, como el mismo reconoce en su testamento. La visita a los leprosos le había transformado.


13.8.20

San Francisco de Asís

San Francisco de Asís (1182-1226) - fundador de los Hermanos menores
Carta a un responsable franciscano

«Setenta veces siete»

¡Que el Señor te bendiga! Voy a explicarte, como pueda, tu caso de conciencia. ¿Hay unas preocupaciones o personas –hermanos u otras personas- que te impiden amar al Señor Dios? Pues bien..., ama a los que te fastidian. A no ser que el Señor te indique lo contrario, no exijas que ellos cambien de actitud con respecto a ti. Los debes amar tal como son...
Con esto reconoceré que amas al Señor, y que me amas a mí, su servidor y el tuyo: si cualquier hermano del mundo, después de haber pecado cuanto es posible pecar, puede encontrarse con tu mirada, pedir tu perdón e irse perdonado. Si no te pide perdón, pregúntale tú si quiere ser perdonado. Y aunque después de esto pecara mil veces contra ti, ámale todavía más de lo que me amas a mí, y todo ello para llevarlo al Señor. Ten siempre compasión de estos desgraciados. Y cuando se presente la ocasión haz saber a los guardianes [de nuestras comunidades] tu firme resolución de actuar así.
fuente: evangeliodeldia.org

30.7.10

San Francisco y los animales



Hubiesen contentado mucho a Francisco de Asís las decisiones que se han tomado en España con respecto a las corridas de toros.

Llegó a ser conocido como el Pobre de Asis por su matrimonio con la pobreza, su amor por los pajarillos y toda la naturaleza. Todo ello refleja un alma en la que Dios lo era todo sin división, un alma que se nutría de las verdades de la fe católica y que se había entregado enteramente, no sólo a Cristo, sino a Cristo crucificado.