Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo. Es el propiciatorio colocado sobre el arca de Dios. Es "el misterio escondido desde siglos"
(San Buenaventura)

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26.5.25

San Gregorio Magno (c. 540-604) papa y doctor de la Iglesia. Morales sobre el libro de Job, XIII

Elevar el espíritu hasta la esperanza de la gloria

Si la santa Iglesia soporta las adversidades de la vida presente, es porque es conducida por una gracia de lo Alto, hasta las recompensas eternas. Desprecia la muerte de su carne, porque aspira a la gloria de la resurrección. Es transitorio lo que ella sufre, perpetuo lo que espera. Los bienes perpetuos no le inspiran ninguna duda, porque posee ya un testimonio fiel en la gloria de su Redentor. Ella ve en espíritu la resurrección de su carne y se levanta con todas sus fuerzas hacia la esperanza. Lo que ve ya cumplido en su Cabeza, se cumplirá un día en el Cuerpo de su Redentor, es decir en ella misma. Tal es su inquebrantable esperanza. (…)
Como la esperanza de la resurrección está fortificada en la Iglesia por la esperanza de la resurrección del Señor, habría que agregar que hay en el cielo un testigo fiel. La Iglesia tiene ya como testigo al Resucitado de entre los muertos, que está en los cielos.
Así, cuando sufre una adversidad, cuando está agotado por duras tribulaciones, el pueblo fiel puede elevar su espíritu hasta la esperanza de la gloria que lo espera. Funda su confianza en la resurrección de su Redentor “Aún ahora, mi testigo está en el cielo y mi garante, en las alturas” (Jb 19,19). Tenemos el derecho de llamarlo garante porque conoce nuestra naturaleza, no solamente por crearla, sino también al asumirla. Ya que para él conocer nuestra condición es haberla aceptado.

3.9.13

San Gregorio Magno


“No cree verdaderamente sino quien, en su obrar, pone en práctica lo que cree. Por eso, a propósito de aquellos que de fe no poseen más que palabras, dice San Pablo: profesan conocer a Dios, pero le niegan con las obras (In Ev. Hom 26,9)”.

El Papa Gregorio I, con más justicia llamado "Magno", fue el primer Pontífice que fue monje y ascendió a la silla apostólica cuando Italia se hallaba en una condición deplorable como consecuencia de las luchas entre los ostrogodos y el emperador Justiniano, que terminaron con la derrota y muerte de Totila, en el año 562.

Aunque San Gregorio cumplía fiel y honrosamente sus funciones como prefecto, desde hacía tiempo se sentía llamado a una vocación superior, hasta que por fin resolvió apartarse del mundo y consagrarse al servicio de Dios, siendo ordenado séptimo diácono de la Iglesia Romana y enviado como embajador ante la corte bizantina. A principios del año 586, tras volver a Roma, se convirtió en abad del monasterio de San Andrés.

En el año 590, una terrible epidemia arrebató la vida al Papa Pelagio y el pueblo escogió a Gregorio como nuevo Pontífice. Desde el momento que asumió el cargo de Papa, se impuso el doble deber de catequizar y cumplir con la disciplina; prohibió el cobro injusto de primas por entierros en iglesias, por ordenaciones o por conferir el palio y no permitió a los diáconos dirigir la parte cantada de la misa a menos que fueran escogidos por sus voces más que por su carácter. También destacó como predicador escogiendo temas del Evangelio del día y, hasta nosotros ha llegado algunas de sus homilías, llenas de elocuencia y sentido común, terminadas con una enseñanza moral que podía adaptarse a cada caso. Fue un excelente administrador de la Sede Pontificia pues todos los súbditos estaban contentos con lo que les tocaba en la distribución de bienes y aún entraba dinero a la tesorería.

De toda su labor religiosa en occidente, la conversión de Inglaterra y el éxito que coronó sus esfuerzos encaminados hacia esta dirección fue para él, el mayor triunfo de su vida. Se le reconoce a San Gregorio la compilación del Antiphonario, la revisión y reestructuración del sistema de música sacra, la fundación de la famosa Schola Cantorum de Roma y la composición de varios himnos muy conocidos. Pero su verdadera obra se proyecta en otras direcciones. Se le venera como el cuarto Doctor de la Iglesia Latina, por haber dado una clara expresión a ciertas doctrinas religiosas que aún no habían sido bien definidas y quizá su mayor labor fue el fortalecimiento de la Sede.
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