Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo. Es el propiciatorio colocado sobre el arca de Dios. Es "el misterio escondido desde siglos"
(San Buenaventura)

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18.7.22

"El signo de Jonás"

Después de todos los signos que nuestro Señor había dado, estos ciegos le dicen: «Nosotros queremos ver un signo tuyo». Nuestro Señor dejando de lado a los reyes y los profetas, sus testigos, llama a los Ninivitas... Jonás había anunciado la destrucción a los Ninivitas; el había inspirado su temor, tenía sembrado el estupor en casa de estos; y estos le presentarán el ramo de la contrición de alma y los frutos de penitencia. Las naciones han sido por tanto elegidas, y los incircuncisos son aprobados de Dios. Los paganos han recibido la vida, y los pecadores se han convertido...
«Ellos reclaman de él un signo del cielo» (Lc 11,16), por ejemplo el trueno, como en Samuel (cf 1Sm 7, 10)... Habían entendido un predicación venida de lo alto, y no habían creído; también la predicación enseña las profundidades...» El Hijo del hombre estará en el seno de la tierra, como Jonás estuvo en el vientre de la ballena»... Jonás desde el mar enseña y predica a los Ninivitas que hagan penitencia y serán salvados; lo mismo nuestro Señor, después de haber resucitado su cuerpo del Seol, envía a sus apóstoles en medio   de las naciones; serán perfectamente convertidas y recibirán la plenitud de la vida.
(San Efrén,c. 306-373- Diácono en Siria, doctor de la Iglesia-Diatésaron XI,1-3)

20.6.22

«Entonces verás claro»

Ciertas personas convierten en mal humor todo lo que ingieren, aunque el alimento sea sano. La falta no está en el alimento, sino en su temperamento, que hace alterar los alimentos. De la misma manera, si nuestra alma tiene una mala disposición, todo le hace mal; incluso las cosas útiles las transforma en nocivas para ella. Si alguien pone unas pocas hierbas amargas en un pote de miel, ¿no alterarán el pote entero haciendo que la miel se vuelva toda ella amarga? Eso es lo que nosotros hacemos: difundimos algo de nuestra amargura y destruimos el bien del prójimo cuando le miramos según nuestra mala disposición.
Hay otras personas que tienen un temperamento que todo lo transforman en buenos humores, incluso los malos alimentos... 
Los cerdos tienen una fuerte constitución: comen ajos, el hueso de los dátiles y les desperdicios de las comidas. Y, sin embargo, transforman estos alimentos en carnes suculentas. Nosotros igualmente, si tenemos buenas costumbres y nuestra alma está en buen estado, podemos sacar provecho de todo, incluso de aquello que no es aprovechable. 
El libro de los Proverbios lo dice muy bien: «Aquel que mira con dulzura, obtendrá misericordia» (12,13). Pero en otra parte dice: «Al hombre insensato todas las cosas le contradicen» (14,7).
He oído decir de un hermano que, si yendo a ver a otro encuentra su celda dejada y en desorden, se dice para sí mismo: «¡Cuán dichoso es este hermano de estar completamente desasido de las cosas terrestres y de llevar su espíritu siempre en lo alto, que no tiene ni tan sólo el placer de arreglar su celda!» 
Si a continuación va a la celda de otro hermano y la encuentra arreglada, limpia y en orden, se dice: «¡La celda de este hermano está tan limpia como su alma. El estado de su celda corresponde al estado de su alma!» 
Jamás dice de ninguno: «Éste es desordenado» o bien: «Éste es frívolo». 
Gracias a su excelente estado saca siempre provecho de todo. Que Dios, en su gran bondad, nos dé, a nosotros también, un buen estado interior para que podamos aprovecharnos de todo y jamás pensemos mal del prójimo. 
Si nuestra malicia nos inspira malos juicios o sospechas, transformémoslas rápidamente en buenos pensamientos. Puesto que no ver el mal del prójimo, con la ayuda de Dios, engendra bondad.

Doroteo de Gaza (c. 500 -?), monje en Palestina, Carta 1



Una vez, San Doroteo envió a sus discípulos a buscar agua, pero volvieron diciendo que habían visto una serpiente y que el agua en el pozo estaba envenenada. San Doroteo fue al pozo, tomó un cucharón de agua e hizo la señal de la cruz sobre ella. Bebió, diciendo: 

"Cuando la Cruz, allí los poderes demoníacos no hacer daño".

Siendo su misión en el monasterio cuidar a los monjes ancianos y enfermos, tuvo la mejor ocasión de practicar con ellos una exquisita caridad cristiana. Muertos sus maestros, él mismo tomó el relevo: formó a san Dositeo, que brilló por su santidad. Fundó el monasterio situado entre Gaza y Majuma, del que fue abad. 
Escribió un tratado ascético dedicado a la vida monástica, que se conserva en versión griega y latina.
Murió en paz a una edad avanzada en el primer tercio del siglo VII.

25.9.21

 «Los discípulos no comprendían sus palabras"

Escuchad lo que pide el Señor: "Reconoced en mí vuestro cuerpo, vuestros miembros, vísceras, huesos y sangre» (cf. Lc 24,39). Y si lo que pertenece a Dios os causa  temor, ¿será que no os gusta lo que es vuestro? ... Tal vez, la enormidad de mi Pasión, de la que sois los autores, ¿os causa vergüenza? No tengáis miedo. Esta cruz no fue mortal para mí, sino para la muerte. Estos clavos no me penetran de dolores, sino de un amor más profundo hacia vosotros. Estas heridas no causan mis gemidos, sino que os permiten entrar más hondo en mi corazón. El acuartelamiento de mi cuerpo os abre los brazos, no aumenta mi tormento. Mi sangre no se ha perdido para mí, ha sido vertida para vuestro rescate (Mc 10; 45).

"Venid, pues, volved a mí y reconoced a vuestro Padre, al ver que os da bien a cambio de mal,  amor a cambio de ultrajes y mucha caridad a cambio de grandes heridas.

San Pedro Crisólogo (c. 406-450) obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia

14.1.21

San Francisco y el enfermo de lepra.

Evangelio según San Marcos 1,40-45.
Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si quieres, puedes purificarme".
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado".
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes. 

Relato de tres compañeros de San Francisco de Asís (c. 1244)
Parágrafo 11

San Francisco es curado de su miedo por un leproso

Un día, cuando el joven Francisco montaba a caballo cerca de Asís, un leproso le salió al encuentro. Francisco sentía una gran repugnancia hacia los leprosos. Esto le empujó con fuerza a bajar del caballo y le dio al leproso una moneda  de plata, besándole la mano. El leproso le dio un beso de paz y Francisco montó de nuevo en el caballo y continuó su camino. A partir de este momento empezó a superar cada vez más sus inclinaciones naturales y llegó a una perfecta victoria sobre sí mismo, por la gracia de Dios.
Algunos días más tarde, con gran cantidad de dinero en el bolsillo se dirigió hacia el hospicio de los leprosos y, una vez reunidos todos, les dio a cada uno de ellos una limosna besándoles las manos. A la vuelta experimentó lo que en un principio le resultaba amargo, --ver y tocar a los leprosos--, se le había vuelto dulzura. Antes, la simple vista de los leprosos, como él mismo confesaba, le era tan penoso que incluso evitaba ver las casas donde habitaban. Si en alguna ocasión los veía o le tocaba pasar cerca de una leprosería...volvía el rostro y se tapaba la nariz. Pero la gracia de Dios le convirtió de tal manera que se le hizo familiar y le gustaba convivir con ellos y servirlos, como el mismo reconoce en su testamento. La visita a los leprosos le había transformado.


28.11.20

San Vicente de Paúl

1581-1660, presbítero, fundador de la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad. Conversaciones con las Hijas de la Caridad

“Estén prevenidos y oren incesantemente" (Lc 21,36)

Me dirán quizás, queridas hijas mías, que tienen tan poco recogimiento, mismo cuando ustedes rezan a Dios, que no están ni un cuarto de hora sin distracciones. No se asombren. Los más grandes servidores de Dios tienen a veces esas mismas penas. Hablaba un día con un buen sacerdote, convertido hace algunos años, que emplea un largo tiempo para rezar. Me decía que no tenía frecuentemente ni gusto ni satisfacción, fuera de decir “Mi Dios, estoy aquí en su presencia para hacer su muy santa voluntad. Es suficiente que me vea”. Hagan lo mismo. (…)
Hay un medio muy fácil: tomen como tema de sus oraciones la pasión de Nuestro Señor. No hay una de ustedes que no sepa lo que ocurrió, porque escuchó predicar o porque ha meditado sobre ello. Oh hijas mías, ¡qué excelente medio para hacer oración la pasión de Nuestro Señor! Es una fuente de juventud en la que encontrarán cada día algo nuevo. San Francisco no tenía otro sujeto de oración que la pasión de Nuestro Señor y recomienda a sus queridos hijos espirituales de servirse continuamente. ¿Dónde creen que san Buenaventura ha extraído toda su ciencia? En el libro sagrado de la Cruz. Harían bien en habituarse. Se los aconsejo.

fuente: evangeliodeldia.org 

23.11.20

Beato Carlos de Foucauld

(1858-1916), ermitaño y misionero en el Sahara.

Meditaciones sobre los evangelios respecto a las principales virtudes (1896)
“Lo dio todo”

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Lc 23,46) Esta es la última oración de nuestro Maestro, nuestro Amado. ¡Ojala sea también la nuestra! No sólo la oración de nuestro último instante sino la de todos los instantes;
“Padre mío, a tus manos me encomiendo, Padre mío, me confío a ti, Padre mío, me abandono a ti. Padre mío, haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy gracias, te doy gracias por todo. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, te doy gracias por todo, con tal que se haga en mí tu voluntad, oh Dios, con tal que se haga tu voluntad en todas tus criaturas, en todos tus hijos, en todo lo que tú amas.
No anhelo nada más, Dios mío. Entrego mi espíritu a tus manos, te lo doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te quiero y me lo exige el amor que te tengo: abandonar todo, sin medida, entre tus manos. Me confío a ti, con inmensa confianza porque tú eres mi Padre”.
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Fuente: caminitoespiritual.blog

 

10.11.20

San Teodoro el Estudita

San Teodoro el Estudita (759-826) monje en Constantinopla

“Somos simples servidores” (Lc17,10)

Mis hermanos, padres e hijos, una vez más cumplo con mi deber: recordarles el llamado de la catequesis. (…) El que es diligente en sus tareas y cuidadoso en el servicio que se le ha confiado, cómo si sirviera a Dios y no sólo a los hombres, se muestra un obrero irreprochable (cf. 2 Tm 2,15).Que tome sobre él los labores más pesados, que se alegre de velar sobre su prójimo, sabiendo que una gran recompensa le es reservada en el cielo. (…) Cualquiera sea la labor, grande o pequeña, en la carrera incesante del deseo inextinguible de bienes eternos, resistamos valerosamente, soportemos todo con buen humor. Cumplamos todo bajo la inspiración de Dios, perdonándonos mutualmente (cf. Ef 4,32; Col 3,13), llenos de ternura los unos por los otros, al punto que cada uno quiera dar su vida por su hermano (cf. 1 Tes 2,8), en espíritu y en su carne.
Alegría para mi, pecador y desesperado, alegría infinita e inefable, si el Hijo único de Dios los invita y persuade para conducirse así. Él por obediencia a Dios Padre, se abajó al punto que de señor se hizo esclavo, conoció la muerte y muerte de cruz (cf. Flp 2,8). ¡Alegría y júbilo indecible para ustedes también, que cumplen sus mandamientos! No sólo desde ahora recibirán brillantes elogios de los testigos de lo que sucede en ustedes, que triunfan del enemigo y resisten a sus sugestiones y artificios. También en el mundo futuro danzarán en presencia de la gloria de Cristo Dios y serán contados entre los coros angélicos y la asamblea de santos. Como dice el salmo, venerables hermanos: “y todos cantarán mientras danzan. Todas mis fuentes de vida estarán en ti” (Sal 87 (86),7). ¡Este es nuestro llamado! (fuente: evangeliodeldia.org)

9.11.20

San John H Newman

San John Henry Newman (1801-1890)
teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra

«Destruid este Templo, y en tres días lo reedificaré»

El Templo judío quedaba confinado a un solo lugar. El mundo entero no podía estar en él, ni tan sólo toda una nación, sino tan sólo algunos de la multitud. Pero el templo cristiano es invisible y espiritual, por tanto puede estar en todas partes... Jesús dijo a la Samaritana: «Vendrá el tiempo en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad» (Jn 4,23). «En espíritu y en verdad» porque, si no es invisible, su presencia no puede ser real. Lo que es visible no es lo real; lo que es material de desintegrará; lo que está en alguna parte no es más que un fragmento.
El templo de Dios, en el régimen cristiano, está en todas las partes donde hay cristianos en nombre de Cristo; él esta tan plenamente presente en cada lugar como si no estuviera en ninguna otra parte. Y nosotros podemos entrar y unirnos a los santos que lo habitan, a la familia celeste de Dios, de manera tan real como el judío entraba en los atrios visibles del Templo. Nosotros no vemos nada de nuestro templo espiritual, pero es la condición requerida para que él esté en todas partes. No estaría en todas partes si le viéramos en alguna parte; no vemos nada, pero gozamos de todo.
Es así como nos lo presentan ya los profetas del Antiguo Testamento. Isaías escribe: «Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos» (2,2). El templo cristiano ya fue desvelado a Jacob... cuando vio en sueños «una escalinata, apoyada en la tierra, y con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella» (Gn 28,12) y también al servidor de Eliseo: «Abrió el Señor los ojos del criado y vio que la montaña estaba llena de caballos y carros de fuego» (2R 6,17). Todo ello eran anticipaciones de lo que se tenía que establecer cuando Cristo vino y «abrió el Reino de Dios a todos los creyentes». Es lo que hace decir a san Pablo: «Os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial, a miríadas de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están inscritos en el cielo» (Hb 12,22). (fuente: evangeliodeldia.org)

 

17.10.20

Actas del martirio de San Justino y sus compañeros

 

 Comentario al Evangelio del día de hoy.

Actas del martirio de san Justino y compañeros (c.163)

«El Espíritu Santo os enseñará lo que tenéis que decir»

Prendidos, pues, los santos citados, fueron presentados al prefecto de Roma, por nombre Rústico, que les preguntó:
- ¿Qué doctrina profesas?
Justino respondió:
- He procurado tener noticia de todo linaje de doctrinas; pero sólo me he adherido a las doctrinas de los cristianos...
El prefecto Rústico dijo:
- ¿Qué dogma es ése?
Justino respondió:
- El dogma que nos enseña a dar culto al Dios de los cristianos, al que tenemos por Dios único, el que desde el principio es hacedor y artífice de toda la creación, visible e invisible; y al Señor Jesucristo, por hijo de Dios, el que de antemano predicaron los profetas que había de venir al género humano, como pregonero de salvación y maestro de bellas enseñanzas.
Y yo, hombrecillo que soy, pienso que digo bien poca cosa para lo que merece la divinidad infinita, confesando que para hablar de ella fuera menester virtud profética, pues proféticamente fue predicho acerca de éste de quien acabo de decirte que es hijo de Dios. Porque has de saber que los profetas, divinamente inspirados, hablaron anticipadamente de la venida de Él entre los hombres.
El prefecto Rústico dijo:
- ¿Dónde os reunís? ¿Dime dónde os reunís, quiero decir, en qué lugar juntas a tus discípulos?
Justino respondió:
- Yo vivo junto a cierto Martín, en el baño de Timiolino, y ésa ha sido mi residencia todo el tiempo que he estado esta segunda vez en Roma. No conozco otro lugar de reuniones sino ése. Allí, si alguien quería venir a verme, yo le comunicaba las palabras de la verdad.
El prefecto Rústico dijo:
- Luego, en definitiva, ¿eres cristiano?
Justino respondió:
- Sí, soy cristiano.
El prefecto Rústico dijo a Caritón:
- Di tú ahora, Caritón, ¿también tú eres cristiano?
Caritón respondió:
- Soy cristiano por impulso de Dios.
El prefecto Rústico dijo a Caridad:
- ¿Tú qué dices, Caridad?
Caridad respondió:
- Soy cristiana por don de Dios...
Peón se levantó y dijo: Yo también soy cristiano.
El prefecto Rústico dijo a Liberiano:
- ¿Y tú qué dices? ¿También tú eres cristiano? ¿Tampoco tú tienes religión?
Liberiano respondió:
- También yo soy cristiano; en cuanto a mi religión, adoro al solo Dios verdadero.
El prefecto dijo a Justino:
- Escucha tú, que pasas por hombre culto y crees conocer las verdaderas doctrinas. Si después de azotado te mando cortar la cabeza, ¿estás cierto que has de subir al cielo?
Justino respondió:
- Si sufro eso que tú dices, espero alcanzar los dones de Dios; y sé, además, que a todos los que hayan vivido rectamente, les espera la dádiva divina hasta la conflagración de todo el mundo.
El prefecto Rústico dijo:
- Así, pues, en resumidas cuentas, te imaginas que has de subir a los cielos a recibir allí no sé qué buenas recompensas.
Justino respondió:
- No me lo imagino, sino que lo sé a ciencia cierta, y de ello tengo plena certeza. (fuente: evangeliodeldia.org)

Justino y sus compañeros, cinco hombres y una mujer, fueron azotados cruelmente, y luego les cortaron la cabeza.
Y el antiguo documento termina con estas palabras: "Algunos fieles recogieron en secreto los cadáveres de los siete mártires, y les dieron sepultura, y se alegraron que les hubiera concedido tanto valor, Nuestro Señor Jesucristo a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos. Amen".  (San Justino, Santoral Católico: se celebra el 1º de junio)

              

23.9.20

San Hilario

San Hilario (c. 315-367) Obispo de Poitiers y Doctor de la Iglesia
Comentario al salmo 65, §19-20

«Fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia»

¿Cuál es la «palabra de alabanza» (Sl 65,8) que hay que hacer resonar? Seguramente que es esta: « Ha devuelto la vida » a los que creen (v. 9); porque Dios concedió a la predicación de los apóstoles y a la confesión de los mártires la constancia y la perseverancia en la profesión de la fe, y la predicación del Reino de los cielos recorrió toda la tierra y en todos los sentidos a través de unos pasos. En efecto «a toda la tierra alcanza su pregón» (Sl 18,5). Y en otra parte, el Espíritu Santo proclama la gloria de este recorrido espiritual: «Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz» (Is 52,7). Es, pues, esta palabra de alabanza de Dios que hay que hacer oír por la proclamación según el testimonio del salmista: «Ha dado la vida a mi alma y no deja que vacilen mis pasos» (LXX). En efecto, los apóstoles no dejaron de recorrer el camino de su predicación por miedo a los terrores y amenazas humanas, y la firmeza de sus pasos puestos sólidamente no se alejó del camino de la fe...
Sin embargo, después de haber dicho: «No ha dejado que tambalearan mis pasos» el salmista añade: «Oh Dios, nos pusiste a prueba, nos refinaste como refinan la plata» (v. 10). Esta frase que empieza en singular, se refiere a muchos porque único es el Espíritu y única la fe de los creyentes, tal como se dice en los Hechos de los Apóstoles: «En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo» (Hch 4,32)...
Pero ¿qué significa esta comparación: «nos pusiste a prueba, nos refinaste como refinan la plata»? Según mi punto de vista si se refina la plata es con la única finalidad de separar la escoria adherida a la materia en estado bruto... Por eso, cuando Dios pone a prueba a los que creen en él, no es que desconozca su fe, sino porque «la paciencia engendra virtud probada» como dice el apóstol Pablo (Rm 5,4). Dios los somete a prueba no para conocerlos mejor sino para llevarlos a la virtud consumada. Así, purificados por el fuego y desembarazados de cualquier aleación con los vicios de la carne, podrán resplandecer con el brillo de una inocencia que ha sustentado sus pruebas.
fuente: evangeliodeldia.org

22.9.20

Venerable Madeleine Delbrêl

Venerable Madeleine Delbrêl (1904-1964) laica, misionera en la ciudad.
La alegría de creer (La joie de croire, Seuil, 1968), trad. sc©evangelizo.org

El Libro de Vida

El Evangelio es el libro de la vida del Señor. Es hecho para devenir el libro de nuestra vida. No para ser comprendido, sino para ser abordado como umbral del misterio. No es hecho para ser leído, sino para ser recibido en nosotros.
Cada una de sus palabras es espíritu y vida. Ágiles y libres sólo esperan el deseo de nuestra alma para brotar en ella. Vivientes, ellas son como la levadura inicial que actuará en nuestra pasta y la hará fermentar con un modo de vida nueva. (…)
Las palabras del Evangelio son milagrosas. Si no nos transforman es porque no le pedimos transformarnos. Pero, en cada frase de Jesús y cada uno de sus ejemplos, permanece la virtud que sana, purifica, resucita. La relación con sus palabras actúa en el ser, como en el paralítico o el centurión, haciendo obedecer de inmediato, plenamente. (…) Para esto, nos ayudará llevar y guardar en nosotros, al calor de nuestra fe y esperanza, la palabra que queremos obedecer. Se establecerá un pacto de vida entre ella y nuestra voluntad.
Cuando tenemos nuestro evangelio en las manos, debemos pensar que en él habita el Verbo que quiere hacerse carne en nosotros. Quiere habitarnos, para que con su corazón injertado en el nuestro y su espíritu en nuestro espíritu, comencemos su vida de nuevo en otro lugar, otro tiempo, otra sociedad humana. Profundizar el Evangelio de esta forma, es renunciar a nuestra vida, para recibir un destino que tiene la forma de Cristo.
fuente: evangeliodeldia.org
 

22.8.20

San Isaac el Sirio

Isaac el Sirio (siglo VII) 
Discursos ascéticos, 1ª serie, nº 20

«El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será ensalzado»

Ahora bien, esto es lo mismo que había dicho la Escritura Santa: los misterios se revelan a los humildes. Es a los humildes a los que se les concede recibir este Espíritu de las revelaciones que les descubre los misterios. Por eso los santos han dicho que la humildad es la que realiza en las almas la contemplación divina. Que nadie, pues, se imagine que ha alcanzado la talla suficiente de humildad porque en algún momento le haya venido un pensamiento de compunción, o porque haya derramado algunas lágrimas... Sino que si un hombre ha vencido a todos los espíritus contrarios..., si cuando ha derrotado o sometido todas las fuerzas enemigas, entonces siente que ha recibido esta gracia, cuando «el Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde» (Rm 8,16) según la misma palabra del apóstol Pablo, ésta es la perfección de la humildad. Bienaventurado el que la posee. Porque siempre se apoya en el pecho de Jesús (cf. Jn 13,25).
 
  

15.8.20

San Amadeo de Lausanne

San Amadeo de Lausanne (1108-1159)
monje cisterciense, obispo
Homilía mariana VI, (SC 72, Huit homélies mariales, Paris, Cerf, 1960), trad. sc©evangelizo.org.

“¡Levántate, amada mía, y ven!” (Ct 2,10)
¡Él es tu Hijo, oh María! Es él que por ti ha resucitado de los muertos el tercer día y, en la carne, subió a lo más alto de los cielos para llenar todas las cosas. Estás en posesión de tu alegría, oh bienaventurada, has recibido el objeto de tu deseo y tu corona. Él te aporta la soberanía del cielo con la gloria, la realeza del mundo con la misericordia, el dominio sobre el infierno con el poder. Con sentimientos diversos, todas las criaturas responden a tu gloria tan grande e inefable: los ángeles con el honor, los hombres con el amor, los demonios con el temor. Porque eres venerable para el cielo, amable para el mundo, terrible para el infierno.
Alégrate y sé feliz, porque resucitó el que te recibe, que es tu gloria y te exalta. Te has alegrado en su concepción, afligido en su pasión. Nuevamente alégrate, en su resurrección. Nadie te quitará tu alegría, porque Cristo resucitado de entre los muertos no muere más, la muerte no reina más sobre él.
El Espíritu te llama y Dios te dice: “¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía! Porque ya pasó el invierno, cesaron y se fueron las lluvias. Aparecieron las flores sobre la tierra, llegó el tiempo de las canciones, y se oye en nuestra tierra el arrullo de la tórtola” (Ct 2,10-12). (…) El incensario guarda el incienso y elevado por la mano del Señor, sube hasta el trono de Dios. Sube, rodeado de la escolta de espíritus angélicos que claman en las alturas diciendo: “¿Qué es eso que sube del desierto, como una columna de humo, perfumada de mirra y de incienso y de todos los perfumes exóticos?” (Ct 3,6).
fuente: evangeliodeldia.org
 
 

9.8.20

San Juan Crisóstomo

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, n°50, 1-2

«Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?»

Los discípulos son de nuevo presa de oleadas y tormentas semejantes a la primeras (Mt 8,24) que se desataron contra ellos; pero entonces tenían a Jesús con ellos, mientras que esta vez se encuentran solos y entregados a sí mismos... Pienso, que el Salvador quería así reavivar su corazón dormido; haciéndolos vivir en la angustia, les causaba un vivo deseo de su presencia y hacía su recuerdo constantemente presente en su pensamiento. Por ello no acudió inmediatamente en su socorro, pero «Al final de la noche, fue hacia ellos caminando sobre el mar"...
Pedro, siempre tan enérgico, adelantándose a los demás discípulos, le dice: "Señor, si eres tú, dame la orden de ir hacia ti sobre las aguas "... No le dice: "dame la orden de caminar sobre las aguas" sino "de venir a ti", porque nadie amaba a Jesús como él. Hizo lo mismo después de la resurrección: no pudiendo soportar ir tan lentamente como los demás en la barca, se ha arrojado al agua para adelantarse y satisfacer su amor por Cristo... Descendiendo, por tanto de la barca, Pedro fue hacia Jesús, más feliz de ir hacia Él, que de caminar sobre las aguas. Pero después de superar un peligro tan grande, como el del mar, sucumbió a uno menor, el del viento. Así es la naturaleza humana: con frecuencia, después de haber superado peligros graves, sucumbimos en los menos importantes... Pedro, no estaba exento de cualquier temor...a pesar de la presencia de Cristo cerca de él. No sirve de nada estar junto a Cristo, si no se está próximo a Él por la fe. Esto es lo que marca la distancia entre  el maestro y el discípulo...
«Hombres de poco de fe, ¿por qué dudáis?» Por consiguiente, si la fe de Pedro no hubiera disminuido, habría resistido el viento sin dificultad. Y la prueba de ello es que Jesús agarra a Pedro, cuando el viento deja de soplar... Al igual que la madre sostiene las alas de sus pequeños pajarillos cuando salen del nido antes del tiempo, cuándo van a caer en tierra, y los conduce de nuevo al nido, así ha hecho Cristo con respecto a Pedro.
fuente: evangeliodeldia.org
 

8.8.20

Beato Columba Marmion

Beato Columba Marmion (1858-1923) abad
Nuestra fe, victoria sobre el mundo (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936),
trad. sc©evangelizo.org

“Si tuvieran fe” (Mt 17,20)

Pidamos al Padre, a Cristo Jesús, su Verbo, esta luz de la fe. Hemos recibido el principio en el bautismo, pero debemos conservar y desarrollar este germen divino. ¿Cuál es la cooperación que Dios espera de nosotro?
Espera primeramente nuestra oración. La fe es un don de Dios, el espíritu de fe viene del Espíritu de Dios: “Señor, auméntanos la fe” (Lc 17,5). Como en el evangelio del hijo enfermo, digamos seguido a Cristo Jesús: “Creo, ayúdame porque tengo poca fe” (Mc 9,24). Es Dios, en efecto, como causa eficiente, el único que puede aumentar la fe en nosotros. Nuestro rol es meritar este crecimiento con nuestras oraciones y buenas obras.
Cuando hemos obtenido la fe, tenemos el deber de ejercerla. Dios nos otorga en el bautismo el “hábito” de la fe. Es una “fuerza”, una “potencia”, pero esta fuerza no tiene que quedarse inactiva. Este “hábito” se anquilosa, por así decir, si no se ejercita. Este “hábito” debe irse fortificando cada vez más por los actos correspondientes. No tenemos que ser esas almas en las que la fe permanece dormida.
Renovemos frecuentemente nuestros actos de fe, no sólo durante nuestros ejercicios de piedad, sino también en los menudos detalles de nuestra vida. Según los consejos, “cada día” debemos caminar en esta luz.
fuente: evangeliodeldia.org 

5.8.20

Orígenes

Orígenes (c. 185-253) presbítero y teólogo
Comentario al evangelio de Mateo, 9, 16; SC 16

"Jesús se fue a la región de Tiro"

Jesús salió de Israel: "Saliendo de allí, Jesús entró en la región de Tiro" (Mt 15,21), nombre que quiere decir " la alianza de las naciones". Con el fin de que, entre la gente de este territorio, los que creían pudieran ser salvados cuando salieran. En efecto, presta atención a estas palabras: "Una mujer, una Cananea, venida de estos territorios, empezó a gritar diciendo: ' ten piedad de mi, Señor, Hijo de David; mi hija está atormentada por un demonio ' " (v. 22). A mi parecer, si no hubiera salido de estos territorios, no habría podido acercarse a Jesús con estos gritos que brotan "de una gran fe", como él mismo lo testimonió (v. 28).
"Según la proporción de nuestra fe " (Rm 12,6), salimos del territorio de las naciones paganas… Ciertamente hay que creer que cada uno de nosotros, cuando peca, se encuentra en el territorio de Tiro o de Sidón, o del Faraón y de Egipto, o bien de cualquier país extranjero a la herencia de Dios. Pero cuando el pecador se aleja del mal, volviendo al bien, sale de estos territorios donde ha reinado el pecado y se apresura hacia los territorios que pertenecen a Dios…
Observa también este tipo de acrcamiento de Jesús hacia la mujer de Cananea; Ya que parece dirigirse hacia la región de Tiro y de Sidón … Las personas justas están destinadas al Reino de los cielos y a su ensalzamiento en el Reino de Dios, pero los pecadores están destinados a la bajeza de su maldad …
La Cananea, dejando estos territorios, dejaba esta disposición al decaimiento, a la maldad, cuando daba gritos y decía: "Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David"... Todas las curaciones que Jesús hizo, como los evangelistas las contaron, se efectuaron entonces para que los que las vieran tuvieran fe. Pero estos acontecimientos son sólo el símbolo de todo lo que sucede por el poder de Jesús, porque no hay época donde lo que se escribe no se realiza, exactamente del mismo modo.
fuente: evangeliodeldia.org

3.8.20

San Atanasio

San Atanasio (295-373)
obispo de Alejandría, doctor de la Iglesia
Carta Pascual nº 24

“Un lugar desierto y solitario”

Cada uno de los santos debió evitar "la vía ancha y espaciosa" (Mt 7,13), para permanecer sólo, aparte, y allí, vivir en la virtud: Elías, Eliseo, Jacob […] El desierto y el abandono de los tumultos de la vida le proporcionan al hombre la amistad de Dios; así Abraham, cuando salió del país de los caldeos, fue llamado "amigo de Dios" (Jc 2,23). El gran Moisés también, en el momento de su salida del país de Egipto […] habló con Dios cara a cara, fue salvado de las manos de sus enemigos y atravesó el desierto. Todos ellos son la imagen de la salida de las tinieblas hacia la luz admirable, y de la subida hacia la ciudad que está al cielo (He 11,16), la prefiguración de la verdadera felicidad y de la fiesta eterna.
En cuanto a nosotros, tenemos cerca de nosotros la realidad que sombras y símbolos anunciaban, quiero decir la imagen del Padre, nuestro Señor Jesucristo (Cuello 2,17; 1,15). Si lo recibimos como alimento en todo tiempo, y si marcamos con su sangre las puertas de nuestras almas, seremos liberados de los trabajos del Faraón y sus inspectores (Ex 12,7; 5,6s). […] Ahora hemos encontrado el camino para pasar de la tierra al cielo… En otro tiempo, a través de Moisés, el Señor precedía a los hijos de Israel en una columna de fuego y de nubarrón; ahora, él mismo nos llama diciendo: "Si alguien tiene sed, que venga a mí y que beba; del que cree en mí, brotarán ríos de agua viva que saltarán hasta la vida eterna" (Jn 7,37s).
Qué cada uno se prepare pues con un deseo ardiente para ir a esta fiesta; que escuche al Salvador llamarlo, porque es él quien nos consuela a todos y cada uno en particular. El que tenga hambre que acuda a Él: Él es el verdadero pan (Jn 6,32). El que tenga sed que venga: Él es la fuente de agua viva (Jn 4,10). Que el enfermo venga a Él: es el Verbo, la Palabra de Dios, que cura a los enfermos. Si alguien está agobiado por el peso del pecado y se arrepiente, que se refugie en sus pies: Él es el descanso y el puerto de la salvación. Que el pecador tenga confianza, porque dijo: "venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré” (Mt 11,28).

27.6.20

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 231

“Señor, no soy digno de que entres en mi casa.”

Cuando tú dices: “Quiero ser feliz”, buscas algo bueno, pero no existe aquí… Cristo, viniendo de otra región, aquí no halló más que lo que abunda aquí: fatigas, dolores, muerte: ve lo que tienes aquí, lo que abunda aquí. Comió contigo de lo que abundaba tu mísera morada. Aquí bebió vinagre, aquí tuvo hiel. He aquí lo que encontró en tu morada.
Pero te invitó a su espléndida mesa, la mesa del cielo, la mesa de los ángeles, en la que él mismo es el pan. (Sl 77,25; Jn 6,34) Al descender y encontrar tales males en tu morada, no sólo no despreció tu mesa, sino que te prometió la suya… ¿Tomó tu mal y te dará su bien? Te lo dará ciertamente. Nos prometió su vida.
Pero más increíble es lo que ha hecho: nos envió por delante su muerte. Como diciendo: “Os invito a mi vida, donde nadie muere, donde la vida es en verdad feliz, donde el alimento no se estropea, donde repara fuerzas, pero no disminuye. Ved a dónde os invito a asistir: a la región de los ángeles, a la amistad con el Padre y el Espíritu Santo, a la cena eterna, a ser hermanos míos; para terminar, a mí mismo. Os invito a mi vida. ¿No queréis creer que os voy a dar mi vida? Recibid en prenda mi muerte”.
fuente: Evangelio del Día


23.6.20

San Clemente de Roma

San Clemente de Roma
papa del año 90 a 100 aproximadamente
Carta a los Corintios, § 36-38

«El camino que lleva a la vida»


Jesucristo es, amados hermanos, el camino por el que llegamos a la salvación, el sumo sacerdote de nuestras oblaciones, sostén y ayuda de nuestra debilidad. (He 10,20; 7,27; 4,15). Por él podemos elevar nuestra mirada a lo alto de los cielos; por él, vemos como en un espejo el rostro inmaculado y excelso del Padre; por él, se abrieron los ojos de nuestro corazón; por él, nuestra mente, insensata y entenebrecida, se abre al resplandor de la luz; por él quiso el Señor que gustásemos el conocimiento inmortal, ya que «él es el reflejo de la gloria del Padre..., encumbrado sobre los ángeles porque es mucho más sublime que el de éstos el nombre que ha heredado» (Hb 1,3-4)...
Tomemos como ejemplo nuestro cuerpo. La cabeza sin los pies no es nada, como tampoco los pies sin la cabeza; los miembros más ínfimos de nuestro cuerpo son necesarios y útiles a la totalidad del cuerpo; más aún, todos ellos se coordinan entre sí para el bien de todo el cuerpo (1C 12,12s). Procuremos, pues conservar la integridad de este cuerpo que formamos en Cristo Jesús, y que cada uno se ponga al servicio de su prójimo según la gracia que le ha sido asignada por donación de Dios. El fuerte sea protector del débil, el débil respete al fuerte; el rico dé al pobre, el pobre dé gracias a Dios por haberle deparado quien remedie su necesidad. El sabio manifieste su sabiduría no con palabras, sino con buenas obras; el humilde no dé testimonio de sí mismo, sino deje que sean los demás quienes lo hagan. El que guarda castidad, que no se enorgullezca, puesto que sabe que es otro quien le otorga el don de la continencia.
Pensemos, pues, hermanos, de qué polvo fuimos formados, qué éramos al entrar en este mundo, de qué sepulcro y de qué tinieblas nos sacó el Creador que nos plasmó y nos trajo a este mundo, obra suya, en el que ya antes de que naciéramos, nos había dispuesto sus dones. Puesto que todos estos beneficios los tenemos de su mano, en todo debemos darle gracias.
Fuente: Evangelio del día


20.5.20

Guillermo de San Teodorico

Guillermo de San Teodorico (c. 1085-1148)
monje benedictino y después cisterciense
El Espejo de la fe


«¿Quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?

 Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios» (1 C 2,11). Apresúrate, pues, a participar del Espíritu Santo: cuando se le invoca, ya está presente; es más, si no hubiera estado presente no se le habría podido invocar. Cuando se le llama, viene, y llega con la abundancia de las bendiciones divinas. Él es aquella impetuosa corriente que alegra la ciudad de Dios (sl 45, 5). Si al venir te encuentra humilde, sin inquietud, lleno de temor ante la palabra divina, se posará sobre ti y te revelará lo que Dios esconde a los sabios y entendidos de este mundo (Mt 11,25). Y, poco a poco, se irán esclareciendo ante tus ojos todos aquellos misterios que la Sabiduría reveló a sus discípulos cuando convivía con ellos en el mundo, pero que ellos no pudieron comprender antes de la venida del Espíritu de verdad, que debía llevarlos hasta la verdad plena...

Así como aquellos que quieren adorarle deben hacerlo en espíritu y verdad, del mismo modo los que desean conocerlo deben buscar en el Espíritu Santo la inteligencia de la fe... En medio de las tinieblas de las ignorancias de esta vida, el Espíritu Santo es, para los pobres de Espíritu (Mt 5,3), luz que ilumina, caridad que atrae, dulzura que seduce, amor que ama, camino que conduce a Dios, devoción que se entrega, piedad intensa. El Espíritu Santo, al hacernos crecer en la fe, revela a los creyentes la justicia de Dios, da gracia tras gracia (Jn 1,16) y, por la fe que nace del mensaje, hace que los hombres alcancen la plena iluminación.
Fuente: Evangelio del Día.