Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo. Es el propiciatorio colocado sobre el arca de Dios. Es "el misterio escondido desde siglos"
(San Buenaventura)

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14.8.20

Sam Maximiliano Kolbe

San Maximiliano Kolbe: mártir de la generosidad

Cada 14 de agosto, la Iglesia celebra la memoria litúrgica de San Maximiliano Kolbe, cuyo ejemplo de fe y de entrega a los demás por amor a Cristo, continúa dando frutos en todo el mundo. En este sentido destaca en tweet del Papa Francisco en sintonía con el modelo de vida de este mártir: "Pidamos la gracia de recordar cada día que Dios no nos olvida, que somos sus hijos amados, únicos e irremplazables: recordarlo nos da la fuerza para no rendirnos ante los reveses de la vida".

Ciudad del Vaticano

Maximiliano Kolbe fue un franciscano polaco nacido en 1894 y dedicado al periodismo católico. Fue arrestado por la Gestapo en 1941 y murió en el campo de concentración de Auschwitz, ese mismo año durante la Segunda Guerra Mundial, al ofrecer su vida en lugar de la de otro prisionero compatriota, casado y padre de familia, que había sido condenado al búnker del hambre, como castigo de los nazis para penalizar a algunos de los reos tras la fuga de uno de ellos.

Estudios de filosofía en Roma

Cursó estudios de filosofía en la Universidad Georgiana de Roma, por la que se graduó en 1915, y de teología en la Facultad de Teología de San Buenaventura de la misma ciudad, que terminaría en 1919. Durante esa etapa de formación en la capital italiana creó, por sugerencia del rector Esteban Igundi, la Milicia de la Inmaculada junto con otros de sus compañeros. Fundada en 1917, la agrupación se extendería posteriormente por todo el mundo.

Misionero en Japón

Fue ordenado sacerdote en 1918, de regreso a Polonia impartió clases de teología hasta que en 1922 inició su apostolado mariano con la revista Rycerz Niepokalanej, primero en Cracovia, posteriormente en Grodno (1923) y, desde 1927, en la Ciudad de la Inmaculada, que el propio Kolbe fundó a cuarenta kilómetros de Varsovia. En 1930 viajó a Japón, donde fundaría, en la región de Nagasaki, la segunda Ciudad o Jardín de la Inmaculada. Editó además una revista mariana en lengua nipona. Proyectó crear nuevas misiones marianas en Corea, China e India, pero diversas dificultades se lo impidieron.
Campo de concentración de Auschwitz

De vuelta a su país, fue otra vez el superior de la Casa de la Inmaculada y cobró gran popularidad. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación de Polonia fue deportado dos veces a Alemania por los nazis. En 1941 fue confinado en el campo de concentración de Auschwitz, tristemente célebre por sus horrores.

Fue precisamente allí, en Auschwitz, donde ofreció voluntariamente para cumplir el suplicio impuesto a un padre de familia, que había sido condenado a morir de hambre. Cuando un oficial nazi le preguntó por qué lo hacía, Kolbe contestó: "porque soy un sacerdote católico". Kolbe murió de inanición en su celda, convertida hoy en lugar de peregrinación, y su ejemplar sacrificio se divulgó por todo el mundo. Fue beatificado por Pablo VI en 1971 y canonizado por Juan Pablo II en 1982.

Es necesario ser santos

Cada 14 de agosto, la Iglesia celebra la memoria litúrgica de San Maximiliano Kolbe, cuyo ejemplo de fe y de entrega a los demás por amor a Cristo, continúa dando frutos en todo el mundo, traducido en muchas de sus célebres frases como esta que hoy resuena con especial fuerza: "se vive una sola vez. Es necesario ser santos".

Tweet del Papa Francisco
Y en este sentido, destaca las palabras del Papa Francisco publicadas en su cuenta oficial de Twitter, en sintonía con el modelo de vida del mártir polaco: "Pidamos la gracia de recordar cada día que Dios no nos olvida, que somos sus hijos amados, únicos e irremplazables: recordarlo nos da la fuerza para no rendirnos ante los reveses de la vida".

fuente: www.vaticannews.va

21.7.20

San Maximiliano María Kolbe

San Maximiliano Mª Kolbe (1894-1941) franciscano, mártir
Conferencia del 21 de enero de 1939 (Entretiens spirituels inédits, Lethielleux, 1974), trad. sc©evangelizo.org

Santificar cada instante

La perfección se encuentra en la santificación de nuestra alma y de cada alma. No se realiza a lo largo de los años sino a cada instante. Cada momento que tenemos delante de nosotros, no vuelve. Si fue bien vivido, puede contar para la eternidad. Esta es la verdad…
Entre nuestras manos, cada instante “es”, pero frecuentemente lo olvidamos. Nos preocupamos de lo que puede llegar, lo que uno u otro pensará o la pena tendremos... ¡Qué lástima! El pensamiento más enriquecedor es que sólo el momento presente es nuestro. Vivimos plenamente el momento presente si hacemos la voluntad de Dios. Para que todos esos instantes sean plenamente vividos, es necesario que la Inmaculada los viva en nuestro lugar. Nos damos a ella para poder aprovechar todos esos momentos, para que sea ella que piensa y actúa en nosotros.
El valor del momento presente no depende de lo que hacemos o de la manera como actuamos, sino del hecho que trabajemos por amor a Dios o por amor a nosotros mismos. Es necesario santificarnos cada momento presente, no sabemos si el instante siguiente será nuestro. Es ahora que es necesario santificarnos, no sabemos si la tarde será nuestra. Mejor cumplimos nuestro deber de estado, más damos gloria a Dios y más cumplimos la voluntad de la Inmaculada.
Este momento presente es precioso y hay que recordar seguido que en él debemos santificarnos. Cuando nuestra alma quiere santificar cada instante, ella comienza a descubrir un mundo nuevo, un tesoro de pensamientos y perfecciones.
Fuente: evangeliodeldia.org